¿Qué tienen en común todos los ejemplos enumerados? Que en cada uno de ellos, está el poder económico mostrando las garras. Haciendo valer de antemano el papel que ocupará en el gobierno por asumir y en su política económica.

Las referencias a Luis Caputo y Joaquín Cottani suelen señalar, como antecedente más destacado, las funciones que cumplió el primero en el gobierno de Mauricio Macri y el segundo en la primera etapa de la gestión de Domingo Cavallo (gobierno de Menem). Sin desmerecer la importancia de esas referencias, convendría no descuidar sus respectivos pasos en la actividad privada.

Caputo fue Jefe de Trading para América latina del JP Morgan (líder mundial en servicios financieros) entre 1994 y 1998, tuvo el mismo rol en el Deustche Bank de 1998 a 2003, y luego fue presidente de la filial argentina de la entidad alemana desde 2003 a 2008. En este último año creó su propia sociedad de inversiones, Axis, traficando con títulos privados y públicos hasta el mismo día que fue designado secretario de Finanzas bajo las órdenes de Alfonso Prat Gay.

En uno de los informes sobre cuentas ocultas conocidos como Paradise Papers, su nombre aparece vinculado a fondos de inversión radicados en Islas Cayman, Delaware y Miami, pero Argentina es el único país del mundo en el que no es incompatible fugar divisas y ser (y volver a ser) funcionario.

Cottani, en tanto, pasó la mayor parte de su carrera profesional en Nueva York. Cumplió importantes funciones operativas para Lehman Brothers (banca de inversión que quebró en 2008, desatando la crisis financiera internacional desde Estados Unidos), Citibank, Standard & Poors Global Tradings, Lat Am Credit y Leading Edge GC Corp.

De ambos se puede decir que son especialistas en finanzas y mercados, pero desde la visión de la banca internacional y los intereses corporativos dominantes, formados en el principal centro financiero mundial. Caracterizarlos como “macrista” o “cavallista” es minimizar el rol que van a cumplir. Son integrantes del sistema de poder financiero mundial desde siempre, a cuya lógica y escala de valores adhieren. Con ese bagaje ocupó, uno, un rol en el gobierno de Menem y el otro, un rol en el gobierno de Macri. Y ambos, ahora, en el gobierno de Milei.

Las novedades de esta semana en materia de apertura de listas de retiros voluntarios (una tradicional forma de invitación al despido consensuado promovido por grandes empresas) en varias automotrices y algunas autopartistas es otro hecho revelador de cómo se mueven los factores de poder en coyunturas cambiantes.

La industria automotriz, por características propias, es un rubro fuertemente concentrado. No hay terminales chicas ni medianas, ni tampoco nacionales. Son una docena de filiales de multinacionales que, localmente, cumplen el rol que le asigna la casa matriz. No parecieran  muy preocupadas por los anuncios de que Argentina no adherirá al BRICS. Saben que eso no significa que se cortan las relaciones comerciales con Brasil. Y saben algo más: los acuerdos entre ambos países que benefician a la industria automotriz (allí, como acá, son las mismas multinacionales) no se verán afectados ni sufrirán ninguna acción del gobierno en su contra.

Rattazzi, “ex” industrial del sector, como él aclara, explicó las reducciones de personal en las plantas automotrices como “un ejemplo de la gran capacidad de adaptación” a distintas situaciones que tienen. “Una empresa tiene que poder desprenderse de una persona si no la está utilizando”, dijo hace apenas unas horas, aunque parezca una sentencia de  varios siglos atrás. Momentos antes, se había declarado “totalmente encantado” con los planes económicos de Milei.

Las multinacionales automotrices avizoran un futuro cercano recesivo, en el que la venta de autos de alta gama no sufrirán el impacto, pero tampoco se expandirá. Pero habrá menos demanda de autos medianos, por lo cual la “mejor forma” de adaptarse a la situación es reducir turnos de trabajo y planteles. Anticipándose, mejoran sus resultados. Y ya no hay un gobierno que les cuestione la metodología, porque el actual está en retirada y el que viene no objeta esas modalidades patronales.

Si este no es un acto para reconocer el funcionamiento de la economía que se viene, ¿qué es?

A Marcos Galperín y a Mercado Pago les es muy provechoso que las cuentas bancarias de sus clientes estén atadas a la billetera electrónica de su marca. Al mencionado empresario no le importa si el Débito Inmediato pone en riesgo de estafas al sistema (por la facilidad que le otorga a otras aplicaciones para acceder a las cuentas bancarias de sus clientes, sin conocimiento de estos). Rechaza cualquier solución que le imponga una molestia a su propio negocio y sabe lo que tiene para poner en juego y ganar la batalla. Esta semana lo volvió a hacer.

Otra lección de la nueva economía: si a la empresa monopólica le molesta una regulación de la autoridad monetaria, no habrá regulación. Dicho de otro modo: la empresa monopolica dispondrá la desregulación.

Entre esos ejemplos referidos a quién ejerce el poder real en la economía, vale mencionar los últimos hechos que afectaron los precios de góndola. En la letra escrita, siguen vigentes los acuerdos de Precios Cuidados para noviembre y los ya resueltos para diciembre. Pero las empresas líderes en alimentos decidieron desconocerlos, porque interpretan que el gobierno actual “ya no existe” y el que está por llegar anticipó su oposición a toda forma de “regulación o control” de precios. Soltaron los aumentos y en un mes acumularon subas del 30 al 50 por ciento, y en algunos productos en particular de hasta el 100 por ciento.

No hubo –y los empresarios sabían que no lo habría– ninguna expresión de las futuras autoridades aludiendo a “abusos” ni pidiendo prudencia en esta transición. Ni en el caso de precios ni en las suspensiones o despidos de personal. Ceder la capacidad de ejecución a los factores de poder económico es una decisión política.

Se sabía, pero ahora se está empezando a verificar en la práctica. No deja de ser útil reconocer estos juegos del poder.