20/12/2025.- Salta al Instante.- Foto portada: Trabajadores. Imagen. Web.
La crisis ya no se mide en percepciones sino en números oficiales: el 80% de la población argentina tiene ingresos inferiores al millón de pesos y 7 de cada 10 hogares no alcanzan los $2 millones mensuales. Es el saldo social del modelo económico de Javier Milei, donde la “igualdad” llega por abajo y la precariedad se convierte en norma.

Según datos del INDEC, aunque el coeficiente de Gini mostró una leve baja interanual, la desigualdad se “corrige” a fuerza de empobrecimiento generalizado. El ingreso del 10% más rico sigue siendo 13 veces mayor que el del 10% más pobre, mientras que el grueso de la sociedad queda atrapado en salarios que no cubren lo básico.
El derrumbe del ingreso va de la mano de un mercado laboral cada vez más informal. Hoy, el crecimiento del empleo se explica casi exclusivamente por el cuentapropismo precario: trabajos sin derechos, sin estabilidad y con ingresos muy por debajo del promedio. En un año, los asalariados formales apenas crecieron, mientras que los informales aumentaron de manera sostenida.
Los números son elocuentes: el 40% de la población vive con menos de $350.000, el ingreso promedio ronda los $993.000, y los trabajadores informales cobran, en promedio, un 54% menos que los formales. No es recuperación: es rebusque.
En este contexto, la reforma laboral impulsada por el Gobierno no aparece como una solución, sino como un acelerador del problema. Menos derechos, más informalidad y salarios a la baja configuran un escenario donde el ajuste no sólo recorta el Estado, sino también el ingreso y la calidad de vida de millones.
Dato oficial, no relato: la Argentina trabaja más y gana menos. Y la motosierra, lejos de pasar, sigue haciendo estragos.







