22/12/2025.- Salta al Instante.- Foto portada: El Espacio de la Memoria de Campo de Mayo está dentro de terrenos en venta. Imagen: Bernardino Avila.
El Gobierno de Javier Milei avanza con uno de los procesos de venta de bienes públicos más extensos y polémicos desde el retorno de la democracia. Más de 180 lotes e inmuebles del Estado nacional, repartidos de Tierra del Fuego a Corrientes, ya están listos para ser subastados a grandes corporaciones inmobiliarias, fondos de inversión y jugadores del agro negocio. La excusa oficial: recaudar dólares. El costo: descapitalizar al Estado y resignar soberanía territorial.
La operación se ejecuta a través de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) y, en todos los casos, sin pasar por el Congreso, a fuerza de decretos. El plan incluye tierras del Procrear, predios de las Fuerzas Armadas, terrenos ferroviarios, espacios de instituciones científicas, zonas costeras, tierras fiscales estratégicas y hasta entornos de ex centros clandestinos de detención reconvertidos en sitios de memoria.
Buenos Aires, la vidriera del negocio
Aunque el mapa del remate es federal, la Ciudad de Buenos Aires concentra las ventas más jugosas. Allí ya se concretaron operaciones millonarias que beneficiaron principalmente a Eduardo Costantini, quien adquirió terrenos del Ejército y de la Policía Federal por cifras que superan los 120 millones de dólares, imponiéndose incluso sobre el Grupo IRSA de Eduardo Elsztain. En todos los casos, el destino es el mismo: desarrollos inmobiliarios de lujo.
Desde que el ministro de Economía, Luis Caputo, anticipó que la venta de activos permitiría ingresar “miles de millones”, la AABE aceleró las subastas. Solo desde junio se abrieron procesos para 26 nuevos inmuebles, que se suman a otros iniciados desde fines de 2023. En paralelo, el Gobierno liquidó las tierras del Plan Procrear, desmantelando definitivamente una de las pocas políticas de acceso a la vivienda.
Montañas, costas y memoria en venta
Entre los terrenos más impactantes aparece un predio de 13 hectáreas en plena montaña mendocina, a 2.400 metros de altura, cerca de Las Leñas. El lugar había sido recuperado por el Estado en 2023 tras una polémica cesión para un centro de esquí de lujo. Hoy vuelve al mercado, esta vez para una venta definitiva.
En Tandil, el Estado ofrece casi 360 hectáreas cercanas a una base aérea, dentro de las cuales se encuentra el ex centro clandestino La Huerta. La imagen del sitio de memoria incluso figura en la web oficial de la subasta. Casos similares se repiten en Campo de Mayo, Córdoba y Corrientes, donde el Gobierno asegura que no se venden los edificios, sino “los entornos”, una distinción que organismos de derechos humanos consideran insostenible.
También se destacan grandes lotes en Chapadmalal, Curuzú Cuatiá, Río Grande y Ushuaia, muchos de ellos con salida al mar o potencial para barrios privados, hoteles de lujo y emprendimientos turísticos exclusivos.
Ciencia, ambiente y planificación: las víctimas colaterales
El remate no se detiene ahí. En Ezeiza, el Gobierno planea vender 34 hectáreas del Instituto Nacional del Agua, donde funcionan instalaciones clave para el desarrollo de obras hidráulicas estratégicas del país. Trabajadores y especialistas alertan que se pone en riesgo infraestructura científica única, utilizada incluso en proyectos internacionales.
Urbanistas y ambientalistas coinciden en el diagnóstico: no es solo una venta, es una transferencia estructural de poder. “Cada metro cuadrado de tierra pública que se vende es un metro cuadrado que el Estado pierde para siempre como herramienta de planificación”, advierten desde el Observatorio del Derecho a la Ciudad, que denuncia la inconstitucionalidad del proceso.
Libertad para pocos
Bajo la retórica de la “libertad” y la “eficiencia”, el Gobierno impulsa lo que especialistas definen como extractivismo urbano: vender tierra pública para alimentar la especulación inmobiliaria y financiera. En ciudades con déficit habitacional, crisis climática y falta de espacios verdes, el Estado se retira y deja el tablero en manos del mercado.
El remate sigue. Las “joyas de la abuela” ya están en la vidriera. Y, una vez vendidas, no vuelven más.







