24/12/2025.- Salta al Instante.- Foto portada: Guerra sucia en Discapacidad, coimas, audios y una interna que salpica a la Casa Rosada. Diego Spagnuolo a la izquierda, Daniel Garbellini a la derecha , cuando trabajaban juntos en ANDIS. Imagen: Sin Crédito.
Spagnuolo y Garbellini se destrozan mientras la causa por corrupción en ANDIS entra en zona roja
La Agencia Nacional de Discapacidad se convirtió en un campo minado. La causa por coimas, direccionamiento y sobreprecios en la compra de medicamentos ya no es solo un expediente judicial: es una batalla campal entre exsocios de poder que ahora se señalan como delincuentes seriales.
Primero habló Diego Spagnuolo, exdirector de ANDIS y exabogado del presidente Javier Milei. Intentó despegarse del escándalo y le pasó la bomba a su segundo, Daniel Garbellini.
Ahora, Garbellini contraataca y lo deja expuesto:
“Spagnuolo asumió la suma del poder en la ANDIS. Hacía y deshacía todo”.
El mensaje es claro: si hay corrupción, el jefe era él.
Audios, “caja” y reparto de poder
La causa estalló con audios explosivos atribuidos a Spagnuolo, donde se habla de “caja”, “delincuentes”, designaciones digitadas y hasta reparto de porcentajes. En esas grabaciones, el exdirector aseguraba que le habían puesto a alguien para manejarle la plata y acusaba a operadores ligados a Karina Milei de “meter gente para chorear”.
Quienes conocían la interna de ANDIS no dudaron: el apuntado era Garbellini.
Pero ahora el ex número dos responde con una bomba aún mayor: dice que él no tenía firma, no ordenaba pagos y no manejaba el sistema, y que todo pasaba por el despacho de Spagnuolo.
“Todo el poder era de él”
En un escrito presentado ante el fiscal Franco Picardi y el juez Sebastián Casanello, Garbellini asegura que Spagnuolo concentraba:
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el poder de decisión,
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el control de los sistemas informáticos,
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la firma de pagos,
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la definición de procesos,
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y el manejo político del organismo.
Según su versión, era un director inseguro, paranoico y obsesionado con mostrarse poderoso, que se jactaba de su relación personal con Milei, de ir a Olivos y de tener línea directa con el poder real.
“Desconfiaba de todos, tenía cambios de humor y miedo constante a que lo operaran”, escribió.
Droguerías amigas y chats comprometedores
La fiscalía reconstruyó un esquema donde siempre ganaban las mismas droguerías, a través de “compulsas especiales” exprés, con precios inflados y escaso control. Garbellini aparece vinculado a Pablo Atchabahian, señalado como operador clave del armado.
Hay mensajes comprometedores, órdenes de frenar pagos, llamados tras la filtración de los audios y hasta un grupo de WhatsApp —“Grupo Museo”— donde se hablaba de seguir cuatro años más en la gestión y después “todos a Tenerife”.
La acusación es demoledora: direccionamiento de compras, sobreprecios y beneficios económicos indebidos en un área que debería proteger a las personas más vulnerables.
“No soy un delincuente”, dice Garbellini
Garbellini niega todo. Dice que no integra ninguna asociación ilícita, que nunca favoreció proveedores y que su gestión buscó “transparentar el sistema”. Justifica las compras rápidas como urgencias médicas, órdenes judiciales y logística compleja.
Pero no explica por qué usuarios y claves sensibles terminaron en manos de gente vinculada a laboratorios, ni por qué los nombres se repiten una y otra vez.
Un expediente que quema
Mientras ambos exfuncionarios se acusan mutuamente de manejar la corrupción, la causa entra en su tramo decisivo. Ya terminaron las indagatorias y se esperan definiciones: procesamientos o sobreseimientos.
Lo que está claro es que la ANDIS fue escenario de una interna feroz, donde el poder, la plata y la política se mezclaron en un área que administra recursos vitales para personas con discapacidad.
La guerra Spagnuolo–Garbellini dejó al descubierto algo más grave que una pelea personal:
«Un sistema podrido que ahora amenaza con estallar en el corazón del Gobierno».







