27/12/2025.- Salta al Instante.- Imagen: Web.
En plena Navidad y sin debate público, el gobierno de Javier Milei avanzó con una de las cesiones más profundas de soberanía económica de los últimos años. A través de la disposición 46 publicada en el Boletín Oficial, la Subsecretaría de Transporte Aéreo habilitó a LATAM Chile a operar libremente en el mercado argentino, como si fuera una aerolínea nacional, pero sin asumir ninguna de las obligaciones que eso implica.
La medida permite a la empresa extranjera volar rutas internacionales desde y hacia Argentina, transportar pasajeros y carga, y —lo más grave— abrir la puerta al cabotaje interno. En los hechos, LATAM podrá unir ciudades argentinas entre sí, decidir qué rutas explotar y cuáles descartar, y competir directamente con Aerolíneas Argentinas desde una posición de privilegio.
El gobierno se ampara en el acuerdo de “cielos abiertos” firmado con Chile y en el Código Aeronáutico. Pero el problema no es jurídico: es político y estratégico. Milei habilitó todas las libertades del aire sin pedir contraprestaciones, sin exigir inversión local, empleo argentino ni compromiso con la integración territorial. Un negocio multimillonario entregado a sola firma.
Una competencia desigual que apunta a vaciar Aerolíneas
LATAM Chile podrá operar en las rutas más rentables del país, las de mayor demanda y mejores márgenes, mientras deja los trayectos deficitarios —los que conectan regiones y sostienen la integración nacional— en manos de Aerolíneas Argentinas. Es el manual clásico: quedarse con la ganancia y socializar las pérdidas.
El impacto puede no ser inmediato, pero es estructural. Si LATAM avanza sobre los tramos que equilibran la ecuación financiera de Aerolíneas, la aerolínea de bandera quedará debilitada, forzada a ajustar precios, servicios o frecuencias, o directamente a retroceder. El objetivo no dicho es claro: asfixiarla por competencia desleal.
Extranjerización total del mercado
Pablo Ceriani, ex titular de Aerolíneas Argentinas, fue contundente: nunca antes se le habían otorgado a una empresa extranjera todas las libertades del aire sin exigirle radicación local. Cuando LATAM operó cabotaje en el pasado, lo hizo mediante una filial argentina, con aviones matriculados en el país, personal bajo leyes nacionales y control de la autoridad aeronáutica local.
Ahora no. LATAM Chile podrá volar dentro del espacio aéreo argentino bajo normativa chilena, con tripulación extranjera, sin obligación de contratar trabajadores argentinos y con ingresos que pueden liquidarse fuera del país. Es una importación lisa y llana de servicios, en un sector intensivo en empleo calificado.
La memoria corta del abandono
La decisión resulta todavía más escandalosa si se recuerda que LATAM se fue del país en 2020, cerró su filial argentina, dejó miles de trabajadores en la calle y abandonó 12 destinos domésticos. Se retiró sin mirar atrás, alegando falta de condiciones, y ahora vuelve por la puerta grande, con más derechos que antes y sin compromisos.
Cinco años después, el Estado argentino no solo le abre las puertas: le entrega el control del cielo.
Libertad para el negocio, ajuste para el país
Mientras Milei recorta jubilaciones, educación y programas sociales en nombre del equilibrio fiscal, regala un sector estratégico a una multinacional extranjera. No hay exigencias, no hay condiciones, no hay defensa del interés nacional. Solo una fe ciega en el mercado y una renuncia explícita a gobernar.
Bajo el eslogan de la “libertad”, el Gobierno avanza en una política de saqueo moderno: privatiza sin vender, entrega sin cobrar y desarma el Estado sin siquiera discutirlo. En los cielos, como en la economía, manda el que tiene capital. El país, otra vez, queda en tierra.







