02/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Decreto en la oscuridad, Milei reescribe la Ley de Inteligencia y le entrega súper poderes a la SIDE.
Más espionaje, más caja negra y menos control democrático
Entre gallos y medianoche, sin Congreso y a espaldas de la sociedad, el Gobierno de Javier Milei metió mano en uno de los núcleos más sensibles del Estado: la Ley de Inteligencia Nacional. Lo hizo como le gusta: por decreto, en silencio y con olor a clandestinidad.
En la noche del 31 de diciembre, mientras el país brindaba, el Ejecutivo firmó el DNU 941/25, una norma que reorganiza de raíz el sistema de inteligencia argentino, concentra poder en la SIDE y convierte todas las actividades de espionaje en “encubiertas”. Todo legalizado. Todo blindado. Todo más oscuro.
SIDE todopoderosa: más poder, más plata y menos controles
Con el nuevo esquema, la Secretaría de Inteligencia de Estado pasa a conducir directamente todo el Sistema de Inteligencia Nacional. No coordina: manda. Maneja los presupuestos, controla los gastos reservados y administra una caja multimillonaria con discrecionalidad casi total.
Además, podrá exigir información a cualquier organismo del Estado, incluyendo provincias y la Ciudad de Buenos Aires. Un Gran Hermano institucional con firma presidencial.
Y como si fuera poco, el decreto le otorga a los agentes la facultad de “aprehender” personas en caso de flagrancia o por orden judicial, ampliando peligrosamente el margen de acción de un organismo históricamente cuestionado por abusos, espionaje interno y operaciones políticas.
Todo es espionaje, todo es secreto
El corazón del decreto está en una frase inquietante:
“Todas las actividades que se realizan en el ámbito de la Inteligencia Nacional revisten carácter encubierto”.
Traducido: todo es secreto, todo es reservado, todo queda fuera del control ciudadano. Bajo el nuevo concepto de “riesgo estratégico nacional”, casi cualquier cosa puede ser considerada una amenaza. El límite es difuso. El poder, enorme.
Contrainteligencia total y enemigos difusos
La ex Agencia de Seguridad Nacional se transforma en la Agencia Nacional de Contrainteligencia, con una misión tan amplia que asusta: prevenir espionaje, sabotaje, injerencia externa y “operaciones de influencia” que afecten el orden constitucional o los “intereses estratégicos del país”.
¿Quién define qué es una operación de influencia? ¿Una protesta? ¿Un periodista? ¿Un opositor? Todo entra en la bolsa.
Ciberespacio bajo vigilancia y guerra interna en el poder
El decreto también parte el mundo digital en dos.
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La ciberseguridad queda en manos del nuevo Centro Nacional de Ciberseguridad, bajo Jefatura de Gabinete.
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La ciberinteligencia pasa a la SIDE.
El reparto no es técnico, es político. Karina Milei y Santiago Caputo se dividen el control del espionaje digital, en medio de una interna feroz dentro del oficialismo. Mientras tanto, el Estado amplía su capacidad de vigilancia sobre datos, infraestructuras críticas y comunicaciones.
Comunidades de espionaje y red informativa total
El DNU crea dos estructuras nuevas:
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La Comunidad de Inteligencia Nacional, que articula SIDE, Fuerzas Armadas y fuerzas de seguridad.
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La Comunidad Informativa Nacional, que obliga a ministerios, Migraciones, Aduanas, organismos nucleares y otros entes a entregar información estratégica.
Todo fluye hacia la SIDE. Todo se centraliza. Todo se clasifica.
¿Por qué sin Congreso? Porque molesta
La justificación oficial es brutal en su sinceridad: el Congreso es lento. Esperar el debate democrático “dificultaría actuar a tiempo”, dice el decreto. Traducido: el control legislativo estorba.
Sí, aclaran que la Bicameral de DNU puede revisarlo. En los papeles. En la práctica, el espionaje ya está en marcha.
Las alertas: “Estado policial”
Las críticas no tardaron en llegar.
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Esteban Paulón advirtió que el decreto “generaliza un estado de sospecha” y entrega áreas sensibles al control político de Karina Milei.
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Ricardo Alfonsín expresó su “profunda preocupación” por una reforma hecha en la oscuridad.
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Jorge Taiana fue directo: “Esto legaliza lo que ya hacen y lo que quieren hacer. Nos lleva a un Estado policial que perseguirá opositores”.
Taiana también alertó sobre otro punto grave: la autonomía de la inteligencia militar, debilitando el control civil y acercando a las Fuerzas Armadas a tareas de seguridad interior.
Conclusión: menos democracia, más sombras
Mientras el Gobierno habla de libertad, expande el aparato de espionaje, concentra poder, amplía facultades represivas y declara secreto todo lo que hace.
El mensaje es claro y peligroso:
cuando el ajuste genera conflicto, la respuesta no es diálogo, es inteligencia encubierta.
La democracia, otra vez, quedó afuera del decreto.
Con información de El Ciudadano.







