ESTANFLACIÓN EN MARCHA: Ventas desplomadas, góndolas vacías y precios que suben igual

02/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Luis Toto Caputo, «ministro de economía». Imagen: LPO/Juan Casas.
La economía entra en una zona conocida y peligrosa: se vende menos, pero se cobra más. Con el consumo en caída libre, los precios vuelven a remarcar. No es rebote, no es demanda, no es “expectativa”: es puro instinto de supervivencia. En un mercado exhausto, las empresas ya no buscan vender más. Buscan perder menos.

Las ventas de alimentos se derrumban hasta 20% interanual, pero desde el 1° de enero las fábricas salieron a pasar listas con aumentos superiores al 5%. La razón es simple y brutal: los costos fijos se dispararon y nadie los puede absorber. Tarifas, combustibles, alquileres, logística. Todo sube, menos los salarios reales.

El dólar manda, aunque no se mueva

El relato oficial insiste con que, sin emisión y con ajuste fiscal, la inflación debería apagarse sola. La realidad lo desmiente todos los días. Con demanda en baja y sin expansión monetaria, los precios suben igual. ¿Por qué? Porque el mercado ya descuenta un dólar más caro.

La recalibración de las bandas cambiarias funciona como una señal adelantada de remarcación: si el techo del dólar se corre, el mensaje es claro. El dólar de mañana vale más que el de hoy. En una economía bimonetaria, indexada y traumada, eso se traduce automáticamente en aumentos en la góndola.

No es especulación financiera. Es cobertura defensiva. Las empresas ajustan hoy para no quedar atrapadas mañana con costos dolarizados: energía, insumos, reposición, alquileres. El dólar sube en los papeles y los precios reaccionan en la caja.

Costos fuera de control, salarios corriendo de atrás

El problema no es monetario. Es estructural. Y está del lado de los costos. Los números son lapidarios. Desde que Javier Milei llegó a la Casa Rosada, la luz subió 344% y el gas 617%, según Economía y Energía. En el mismo período, la inflación acumulada rondó el 200% y los salarios crecieron 229%. Resultado: los costos fijos le ganaron por goleada a precios e ingresos.

Y eso sin contar el transporte, que trepó más de 900%, ni la medicina prepaga, que asfixia a la clase media y trabajadora. Se produce y se vive cada vez más caro, aunque se venda cada vez menos.

2026 arranca con más tarifazos

El escenario no mejora. El año arranca con nuevos aumentos de luz, gas, agua y cloacas en todo el país. Las subas iniciales van del 2,5% al 4%, pero la quita de subsidios anunciada por el Gobierno puede llevar esos incrementos a dos dígitos, especialmente en gas.

En el AMBA, la electricidad sube 2,5%. A nivel nacional, el precio mayorista aumenta 3,2% y luego cada provincia traslada el impacto. En gas, los ajustes rondan el 2% al 3%, pero la verdadera bomba está en el salto del precio mayorista de USD 2,95 a USD 3,79 por millón de BTU. Cuando eso llegue a la factura, el golpe será seco.

Importar no bajó precios: el mito se cayó

Otro dato que dinamita el discurso oficial: en el mismo período de mayores subas de alimentos, aumentaron como nunca las importaciones. La apertura irrestricta no disciplinó precios ni abarató productos. El cuento de la competencia externa no funcionó.

Mientras tanto, las remarcaciones avanzan. En grandes cadenas, la primera semana de diciembre mostró subas promedio del 0,7%, con fuerte presión en bebidas y alimentos de góndola. En carnicerías, el ajuste fue salvaje: hasta 35% en menos de un mes, con otro 10% en carpeta.

Las grandes marcas marcan el ritmo: Coca-Cola subió 5%, Bimbo 5%, La Virginia 8%, Arcor acumuló 8% mensual. La inflación de alimentos ya corre entre 3,7% y 4% mensual, a lo que se suman servicios, tarifas y combustibles que se actualizan casi a diario.

La foto final: estanflación pura

Ventas en baja. Consumo retraído. Empresas que remarcan para no cerrar. Precios que suben con la actividad en retroceso. Eso tiene nombre y apellido: estanflación.

“Con ventas que no repuntan y costos que no aflojan, se suben precios o se baja la persiana”, resume en off un industrial. No es una opinión aislada: es el diagnóstico que empieza a imponerse, por más que el Gobierno insista en negar la realidad.

La economía no se enfría: se empantana. Y el costo lo pagan, otra vez, los de siempre.