03/01/2026.- Salta al Instante.- Por Nico Ortiz.- Foto portada: Caputo contra la pared. Sin dólares, sin crédito y arrodillado ante el FMI, al Gobierno solo le queda ajustar más. Caputo junto a Bausilli.
A Luis Caputo se le acabaron los conejos en la galera. El plan económico de Javier Milei entró en una fase crítica y ya no hay margen para la fantasía libertaria: sin reservas, sin mercados y con inflación persistente, la única salida que queda es profundizar el ajuste. Y que el costo lo pague la sociedad.
Un informe de la consultora Vectorial, dirigida por Eduardo Hecker y con Haroldo Montagú como economista jefe, anticipa lo que el Gobierno intenta ocultar: 2026 será un año de alta tensión social, empujado por un nuevo recorte fiscal, salarios destruidos y una economía subordinada a las exigencias del FMI.
El plan se sostiene con alambres
La política monetaria está atada de pies y manos a la remonetización y a la desesperada necesidad de recomponer reservas. El mercado de capitales sigue cerrado y, como ya ocurrió en 2025, Caputo solo sobrevive gracias al auxilio de organismos multilaterales. Sin crédito privado y sin dólares genuinos, la política fiscal quedó como la única ancla posible. Traducción: más motosierra.
El debate del Presupuesto 2026 en el Congreso fue apenas un tráiler de lo que viene. El ajuste ya mostró sus consecuencias y ahora amenaza con explotar socialmente.
Ajuste récord, ingresos en caída libre
“El ajuste acumulado de 2024 y 2025 ya exhibe con claridad sus costos sociales”, advierte Vectorial. Inflación todavía alta, gasto público comprimido y un mercado laboral débil provocaron un deterioro feroz del ingreso real. El sacrificio no estabilizó nada: solo empobreció.
Y como si fuera poco, el Gobierno también enfrenta la presión del FMI por el pago de la deuda y la acumulación de reservas que no aparece por ningún lado. En 2025, la fuga de capitales llegó a 30.000 millones de dólares. Los dólares entran por un lado y se escapan por el otro.
Anclas falsas, expectativas rotas
“El principal desafío de 2026 es reconstruir un ancla creíble”, señala el informe. Pero no hay milagros. El dólar subió más del 40% en 2025, la inflación apenas quedó diez puntos abajo y el tipo de cambio dejó de apreciarse. Las bandas móviles indexadas al IPC funcionan más como un parche defensivo que como una herramienta seria para ordenar expectativas.
La recesión profunda ya quedó atrás, por lo que la caída del consumo dejó de servir como freno inflacionario. El plan se quedó sin frenos y sin volante.
¿De dónde saldrá el ajuste?
El superávit fiscal que exhibe el Gobierno no se logró con más ingresos, sino con recortes brutales: obra pública paralizada, subsidios dinamitados, transferencias a provincias recortadas y programas sociales licuados. Las jubilaciones y pensiones, inelásticas, siguen siendo el botín tentador.
Pero incluso ahí hay límites. Vectorial es claro:
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El recorte de obra pública ya no se puede profundizar sin romper capacidades básicas.
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El ajuste sobre partidas sensibles choca con límites políticos y sociales evidentes.
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La recaudación depende de una actividad que no arranca.
Aun así, el Gobierno intentó avanzar sobre pensiones por discapacidad, AUH, asignaciones familiares y subsidios a zonas frías. No pudo. Pero volverá a intentarlo.
El polvorín social
“La combinación de menos transferencias, desindexación de partidas y caída de la actividad eleva el riesgo de conflictividad social”, advierte el informe. En criollo: el ajuste ya no lo absorbe nadie.
La pregunta ya no es si habrá conflicto, sino cuándo y dónde.
Dólares: el talón de Aquiles
La acumulación de reservas sigue siendo el gran agujero negro del plan Milei–Caputo. El tipo de cambio sigue barato y la cuenta corriente es estructuralmente deficitaria. No hay dólares por comercio exterior y el sector privado no cree en el programa.
La estrategia depende casi exclusivamente de la cuenta financiera: inversión extranjera que no llega, financiamiento voluntario que no aparece y fuga que no se detiene. En noviembre se fueron 1.000 millones de dólares. En el año, 30.000 millones.
El FMI manda
La verdad incómoda es esta: el programa no lo validan los mercados, lo sostienen el FMI y el Tesoro de Estados Unidos. El financiamiento externo reemplazó al crédito privado, que sigue mirando desde la tribuna. La única salida al mercado fue un fracaso.
Mientras tanto, Caputo habla de “independizarse de Wall Street” y los dólares se escurren por la canaleta.
El final del relato
Caputo y Milei insisten, a través de voceros y redes, en que “todo marcha según el plan”. Pero el informe de Vectorial es lapidario: sin dólares privados, sin inversión y sin confianza, la estabilidad depende de parches excepcionales, cada vez más caros en términos sociales y políticos.
El ajuste ya no es una opción.
Es la única bala que les queda.
Y apunta, otra vez, contra los de siempre.







