05/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Hasta Papá Noel quedó a pie con el aumentos que solo dejaron otra Navidad triste. Imagen: Web.
Tarifazos y deuda pulverizaron el consumo y dejaron a las familias contra las cuerdas
La Navidad ya no salva a nadie. Ni luces, ni brindis, ni aguinaldo: diciembre confirmó que el consumo en la Argentina entró en terapia intensiva y que 2026 arranca con un pronóstico todavía peor. Comercios vacíos, compras contadas y clientes que aparecieron recién a último momento para gastar lo justo y necesario. El resto, directamente no llegó.
Supermercados, almacenes y autoservicios cerraron el año con una certeza incómoda: las fiestas dejaron de ser un motor de ventas. La combinación letal de salarios atrasados, tarifazos sin freno y familias ahogadas por las deudas enfrió lo que históricamente era el mes más fuerte del año. El resultado fue un diciembre gris, apagado, sin espíritu navideño y con caja flaca.
Fernando Savore, titular de la Federación de Almaceneros bonaerenses, lo resumió sin vueltas: menos gente, menos plata y más miedo a gastar. El bolsillo llegó exhausto al final de 2025, golpeado por servicios impagables y tarjetas de crédito usadas para sobrevivir, no para darse gustos.
Comprar menos, más barato y de peor calidad
Lo que se vio en las góndolas fue una disciplina de bolsillo brutal. Menos cantidad, marcas de segunda y tercera línea, precios buscados con lupa. El consumidor dejó de elegir: resiste. El clásico “stockeo navideño” desapareció y fue reemplazado por compras de último minuto, casi de emergencia, en las horas previas al 24 y al 31.
“Trabajamos fuerte solo los últimos dos días, pero no más que el doble de un día normal”, admitió Savore. Traducción: la Navidad dejó de importar en términos de ventas.
En los supermercados el diagnóstico fue similar. Las facturaciones apenas acompañaron a la inflación, los tickets crecieron en cantidad de productos pero cayeron en calidad, y el patrón se repitió: esperar hasta el final, gastar lo mínimo y salir corriendo.
Tarifazos, deuda y un Gobierno mirando para otro lado
Mientras el consumo se achica, el Gobierno pisa el acelerador del ajuste. El Presupuesto 2026 proyecta una inflación que roza lo irreal y anticipa, sin decirlo, salarios, jubilaciones y asignaciones planchadas. En paralelo, los aumentos sí son bien concretos: transporte, combustibles, luz, gas, agua, prepagas, alquileres, VTV y subte. Todo sube. El ingreso, no.
Estos aumentos no son una abstracción: son hachazos directos al plato de comida. Primero caen los gastos “prescindibles”, pero en 2025 el recorte llegó a lo esencial: alimentos, productos de limpieza, higiene personal. Comer ya no es una certeza, es una ecuación.
El aguinaldo duró lo que un suspiro
El otro dato demoledor: el aguinaldo no traccionó nada. Se evaporó antes de llegar al mostrador. Se fue en servicios, en deudas acumuladas, en el tarjeteo compulsivo para cubrir lo básico. No hubo pan dulce ni sidra: hubo resúmenes bancarios.
La verdadera bomba es la bola de nieve del endeudamiento familiar. Tarjetas usadas para comer, intereses que se capitalizan, cuotas que se pisan entre sí. Una trampa que asfixia la demanda hoy y amenaza con arrastrar mañana a la producción y al empleo.
La Navidad quedó atrás, pero el problema sigue creciendo. Con tarifas al alza, ingresos licuados y deudas que no paran de crecer, 2026 no arranca cuesta arriba: arranca al borde del abismo.







