09/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Hospital Garrahan.
Mientras el Ministerio de Salud lo niega en público, el ajuste ya es un hecho. El Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas, clave para la atención de bebés con malformaciones cardíacas, fue desmantelado en silencio. Especialistas con 15 años de experiencia fueron desplazados, otros renunciaron en bloque y hoy no hay un equipo médico especializado a cargo, pese a los discursos oficiales.
Cada año nacen en la Argentina unos 7.000 bebés con cardiopatías congénitas. Casi la mitad necesita cirugía durante el primer año de vida. Aun así, el Gobierno decidió recortar, desarticular y vaciar un programa que coordinaba derivaciones, cirugías y seguimientos en todo el país.
La alarma se encendió cuando el Ministerio no renovó contratos a tres de los siete médicos coordinadores. Luego vinieron las renuncias. La Federación Argentina de Cardiología levantó la voz. Las familias también. La respuesta oficial fue negar el ajuste y acusar de “fake news”. Pero desde adentro del propio programa lo confirmaron: “El equipo médico fue separado de sus cargos”.
Lejos de desmentir el recorte, el Ministerio lo justificó. Dijo que había “exceso de personal” y que la solución fue “optimizar” el programa. Traducido: menos médicos para miles de chicos con el corazón enfermo. Según la cartera que conduce Mario Lugones, el problema no es el ajuste, sino que los médicos “intentaron vaciar el programa” al renunciar.
Hoy, la coordinación quedó en manos del director médico adjunto del Hospital Garrahan, que no integra formalmente el programa. No hubo acto administrativo, no hubo planificación, no hubo reemplazos. Hubo motosierra.
Las familias no compran el relato oficial. “Hoy no hay cardiólogos especializados a cargo del programa. Estamos viendo qué pasa con los bebés que están naciendo ahora”, advirtió Lucía Wajsman, de Cardiocongénitas Argentina. Y fue más allá: “Además de demonizar a los médicos, el Gobierno está deshumanizando a las familias”.
El programa, que realizaba unas 800 cirugías por año y gestionaba más de 6.000 notificaciones, quedó a la deriva. Daniel Gollán fue contundente: “Decir que como nacen menos chicos no hace falta un programa es una aberración. Son miles de bebés. El 90% puede curarse. Si no, pueden morir”.
Mientras tanto, las familias se organizan. Habrá banderazo el 1° de febrero. En el Congreso ya ingresaron pedidos de informes y proyectos de resolución. Legisladores hablan de una medida “cruel e insólita” y anticipan batalla política y judicial.
El Gobierno insiste en que “todo funciona”. La realidad muestra otra cosa: menos médicos, más incertidumbre y bebés con el corazón en riesgo. Cuando el ajuste entra por el Ministerio de Salud, los que pagan no son números: son vidas.







