28/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Hugo Rivella, el poeta en el Festival de Cosquín 2026. IMagen: SRT MEDIA/CANAL 10.
En la segunda luna del Festival Nacional de Folklore de Cosquín 2026 se vivió uno de los momentos más ásperos, políticos y tensos de la temporada, cuando el poeta salteño Hugo Rivella tomó el micrófono y, lejos de declamar sobre amores o paisajes, clavó un dardo directo en la figura del presidente Javier Milei con una metáfora lapidaria. Su intervención no fue mero lirismo: fue una crítica brutal que estalló en la Plaza Próspero Molina y se viralizó en redes sociales.
Antes del tradicional grito de “¡Aquí Cosquín!”, Rivella —coordinador del “Encuentro de Poetas” del festival— leyó un texto que partió de reflexiones sobre el corazón humano y terminó en una descalificación política directa: aludió a “el político que se cree un león y es apenas una rata gritando desaforado”, frase que el público interpretó como una referencia al presidente. El momento fue ovacionado por asistentes y amplificado en redes con aplausos a la poesía y silbidos hacia la figura oficial.
No se trató de un verso aislado ni de una ironía suave: la declaración de Rivella marcó un contraste crudo con la presencia reciente de Milei en el Festival de Jesús María, donde el mandatario fue recibido calurosamente e incluso subió a cantar con El Chaqueño Palavecino. En Cosquín, en cambio, la palabra poética se convirtió en denuncia política y rechazo directo, exponiendo la grieta cultural y política que atraviesa incluso espacios tradicionalmente ajenos a la confrontación partidaria.
La reacción en el público evidenció la polarización: aplausos y ovaciones para el poeta, silbidos y murmullo de desaprobación hacia el Presidente, todo bajo la sombra de una metáfora que redujo la figura presidencial a un animalito trastabillado de ego y ruido. Ese contraste entre la celebración en Jesús María y la crítica frontal en Cosquín representa una fractura simbólica en la escena cultural argentina, donde hasta la poesía se politiza en medio de tensiones sociales y políticas.
Lo que en otros tiempos podría haber sido una anécdota de festival, en 2026 fue un escándalo político en vivo: la palabra del poeta, su forma de confrontar con símbolos de poder y la ovación del público son una señal de antagonismo cultural que no se limita al folclore, sino que toca el nervio de la disputa política nacional.
El poema
Abrir el corazón
arrojar la primera piedra
no es lo mismo que hacerla mi primera pregunta.
Hoy necesito que nos miremos dentro
que miremos en dónde estuvimos
cuando esta patria que es una herida
que va del norte al sur de los olvidos
Envejece el niño tirado en la vereda.
Pero regresen las rondas que hombres y mujeres construyen
para derrotar sin pausas a la muerte.
Esta plaza en Cosquín, este pueblo
es un ejemplo de lucha, identidad y resistencia.
Hoy debo confesar que he traicionado
más de una vez lo que pensaba.
Que arrojé contra el espejo una piedra
y se quebró mi corazón.
Porque vi arrugas y sombras en mi rostro
y me vi en los restos del espejo sollozando.
He sido conmigo tan exigente como soy con los demás
uno falta el respeto a los que nos sostienen.
Si es con el hijo pareciera que tenemos el derecho a levantar la voz,
humillar sus primeros pasos y después intentar lavar la culpa
cuando lo acariciamos o ponemos en sus manitos una moneda.
Y si es con la mujer que es cómplice y amante y es torrente,
y es madre, y es música y es sosiego y es ternura, y digo más:
palabra inteligente, remolino, quietud, desasosiego.
¿No hemos sido con ella más de una vez intolerantes,
por no decir soberbios, atrevidos, machistas, ordinarios, mentirosos?
Abrir el corazón como si estuviera hecho de pétalos,
y soplarlo sobre el niño inocente.
Soplarlo sobre el corazón del juez, del traidor, del narcotraficante,
del político que se cree un león y es apenas una rata gritando desaforado.
Abrir el corazón, que pasen los ríos con sus sueños de peces,
y pasen las abuelas, y pasen los travestis, y pase el indignado y pase el diferente,
y pase la calesita con todos sus caballos.
Y al último pasemos nosotros a cara descubierta.
Hoy quiero caminar sin sentirme culpable
de no haber hecho lo que tenía que hacer.
Mirar a los ojos a la mujer que amo
y pedirle perdón por tanta furia de papel que llevo adentro.
Mirar a los amigos y abrazarlos
sentir que juntos prolongamos el sueño de sabernos más limpios.
de saber que es posible compartir secretos y romper murallas.
Sentir que la poesía viene de la rosa más simple del planeta,
que la palabra amor aplasta al poderoso y salva al desahuciado.
Abrir el corazón, impedir la injusticia,
y no se desmorone Dios sobre la cruz del Hijo.
Arrojar la piedra es hacernos la primera pregunta
y también darnos la primera respuesta.
¿He amado al otro como a mí mismo?
¿He sido lo que soy o lo que imagino?
¿He compartido el pan, mis alegrías?
Que lo que diga hoy en esta plaza
no sea el rostro de Judas que aún sigue traicionando
la voz que lo ha salvado.
Abrir el corazón y no arrojar la primera piedra.
Esa es la cosa, abrir el corazón.







