07/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Milei con los granaderos. Imagen: NA.
Lo que el Gobierno presenta como un homenaje patriótico a los 213 años de la Batalla de San Lorenzo es, en los hechos, una operación política de fuerte contenido simbólico y ofensivo contra la memoria histórica nacional. Bajo ese barniz, el presidente Javier Milei encabeza este sábado en la localidad santafesina un acto a la medida de su narrativa de autoridad, con el centro de la escena puesto en el traslado del sable corvo de José de San Martín desde el Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo. El gesto, lejos de ser un tributo despojado de intereses, ha reavivado protestas de historiadores, museólogos, descendientes de Rosas, y diversos sectores de la comunidad cultural que ven en la medida una manipulación del patrimonio nacional con fines estrictamente políticos.

La pieza histórica, un arma blanca que acompañó a San Martín en la emancipación sudamericana y que fue legada por el Libertador a Juan Manuel de Rosas en reconocimiento a su defensa de la soberanía frente a potencias extranjeras, tenía un lugar tradicional en el Museo Histórico Nacional desde 2015, cuando fue recuperado para la exhibición pública tras décadas bajo custodia militar. Con el Decreto 81/2026 firmado por el propio Milei, esa custodia volvió a manos del Regimiento de Granaderos a Caballo, institución militar que también actúa como guardia de honor presidencial, rompiendo con una tradición museológica y con el acuerdo histórico que los donantes habían impuesto sobre el destino de la pieza.
La decisión no sólo generó rechazo académico por su impacto en la preservación del patrimonio cultural sino que también provocó la renuncia de la directora del Museo Histórico Nacional, María Inés Rodríguez Aguilar, quien denunció presiones y un clima de intolerancia política para forzar un cambio que no encuentra sustento más allá del interés del Ejecutivo.

La polémica no se quedó en los despachos institucionales: los herederos de Manuela Rosas y Máximo Terrero presentaron una medida cautelar para frenar el traslado del sable, argumentando que la donación incluía un “cargo” que obligaba al Estado a mantener la pieza en el museo. La justicia federal rechazó ese recurso, habilitando el acto oficial que Milei protagonizará en el Campo de la Gloria, el mismo espacio donde San Martín enfrentó a las fuerzas realistas en 1813, en medio de un clima de tensión entre lo histórico y lo instrumental.
Actores del mundo académico y de la preservación cultural ven en esta operación un gesto que va más allá de la simbología: es una restitución políticamente diseñada para reforzar la narrativa del Gobierno sobre el rol de las fuerzas armadas y su propia figura como líder autoritario, basado en un rehén discursivo de la historia que diluye el rigor científico y el respeto por el patrimonio.
La movilización logística dispuesta por el Ejecutivo para este homenaje pone en evidencia una contradicción evidente: mientras la economía atraviesa una crisis persistente con indicadores sociales en deterioro, el mandatario despliega helicópteros, aviones y operativos especiales para un acto de apenas una hora, cuya realización estará acompañada por la presencia de funcionarios de la mesa chica y la coreografía mediática cuidadosamente diseñada para alimentar la narrativa presidencial.
En la provincia de Santa Fe, las autoridades locales, como el intendente de San Lorenzo, Leonardo Raimundo, han celebrado la presencia presidencial y han intentado enmarcar la entrega del sable en un supuesto reconocimiento a la figura de San Martín y al valor histórico de la Batalla. Sin embargo, esta lectura amable choca con las críticas más duras desde el campo histórico y patrimonial, que señalan que se trata de una reducción de San Martín a un objeto de propaganda política y de una apropiación del pasado para construir legitimidad en el presente.
La decisión del Gobierno de Milei de alterar la custodia de un símbolo nacional clave pone sobre la mesa un debate profundo sobre qué entendemos por soberanía histórica y quiénes tienen la autoridad para definir el uso de piezas que forman parte del acervo colectivo. La disputa por el sable corvo, lejos de ser un episodio menor, se ha transformado en un emblema de la tensión entre una visión instrumental del pasado y el respeto al legado cultural, en un momento en el que la política argentina parece querer apropiarse de la historia como si fuera un trofeo más para exhibir.







