POLICÍA DE SANTA FE SE LEVANTA CONTRA PULLARO

11/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada:
La Provincia de Santa Fe vive una crisis sin precedentes en su fuerza de seguridad: decenas de policías provinciales mantienen una protesta salarial prolongada frente a la Jefatura de Policía de Rosario, desafiando no sólo al gobernador Maximiliano Pullaro sino también a toda la estructura del Ministerio de Seguridad de la provincia. La rebelión llegó al punto de requerir la intervención de agentes del Servicio Penitenciario para patrullar las calles ante la deserción masiva de uniformados en medio de reclamos que incluyen recomposición salarial, mejores condiciones laborales y rechazo a sanciones administrativas por adherir a la protesta.

Los policías apostados en la puerta de la Jefatura de Rosario.

La protesta policial de Santa Fe se extiende y convocan a penitenciarios para patrullar Rosario

Todo empezó como un reclamo por sueldos que no alcanzan ni para cubrir la canasta básica, pero la situación escaló con rapidez y de forma caótica. Lo que debía ser una protesta ordenada derivó en una movilización policial inorgánica, sin líderes claros, con múltiples demandas y sin un vocero único, según admitieron funcionarios del propio gobierno provincial. Las sirenas de los patrulleros resonaron sin pausa en Rosario mientras los móviles quedaban estacionados frente a la Jefatura, cortando avenidas y tensando aún más el conflicto.

El ministro de Seguridad Pablo Cococcioni intentó en vano rebajar la tensión reconociendo parte del reclamo por recomposición salarial, pero también advirtiendo sobre la participación de sectores ligados a efectivos presos por corrupción que, según su versión, habrían atizado el conflicto desde dentro, lo que complicó cualquier acercamiento con los manifestantes.

El impacto de la protesta comenzó a sentirse de verdad cuando el Gobierno se vio obligado a convocar a personal penitenciario para reforzar el patrullaje en Rosario, ante la clara ausencia de policías uniformados que estaban concentrados en la protesta o directamente habían dejado de salir a patrullar. La medida fue leída como una señal de debilidad del Ejecutivo, incapaz de contener la crisis dentro de su propia fuerza de seguridad.

La escena en Rosario fue tan surrealista como preocupante: familiares de los propios policías plantados frente a los portones de la jefatura, decenas de patrulleros alineados en actitud de protesta y oficiales rebelados a cara descubierta, desafiando sanciones administrativas, según reportes de medios locales.

El conflicto se extendió también a la ciudad de Santa Fe, donde patrulleros rodearon la Casa de Gobierno, multiplicando la tensión en la provincia y dejando al descubierto que la furia policial no es un fenómeno aislado sino una corriente que crece frente a la falta de respuestas concretas.

Los intentos de diálogo, incluso con la presencia del abogado que actúa como intermediario, fracasaron una y otra vez porque los reclamos se multiplican y no hay una conducción única que pueda sintetizarlos o canalizarlos de forma efectiva ante el gobierno.

Según diversos relatos, la protesta policial no sólo cuestiona los magros sueldos que quedan rezagados ante una inflación que sigue mordiendo el poder adquisitivo, sino que también refleja un malestar profundo dentro de la fuerza, marcado por largas jornadas, falta de descanso, condiciones laborales desgastantes y una desesperanza creciente ante la falta de certezas sobre su futuro profesional.

Mientras la protesta se extendía por segundo día consecutivo con nuevos “sirenazos”, patrulleros bloqueando accesos y patrullaje regular resentido, el gobierno de Santa Fe quedó contra las cuerdas. Las autoridades exigieron que los policías regresen a sus puestos para continuar negociaciones, pero los manifestantes advirtieron que no levantarán la medida de fuerza hasta que no exista un gesto concreto o un acuerdo firme que garantice mejoras salariales y el levantamiento de las sanciones impuestas a quienes se sumaron a la protesta.

La crisis expone una fractura inédita entre el gobierno provincial y su cuerpo de seguridad, con una fuerza que ahora mira de frente a su propia conducción y una crisis de autoridad que amenaza con prolongarse mientras Rosario y el resto de Santa Fe siguen sin respuestas claras.