12/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Salta, afectada y expuesta, seis casos de chikungunya y la amenaza vecina que viene de Bolivia.
Salta atraviesa un momento crítico en su salud pública: se confirmó un total de seis casos de chikungunya en la provincia, y la alarma no solo prende por los diagnósticos locales, sino por lo que ocurre más allá de la frontera con Bolivia, donde los brotes de arbovirosis se disparan y ponen en riesgo a toda la región del norte argentino.
El Ministerio de Salud Pública de Salta informó que hasta la semana epidemiológica 5 se detectaron seis casos positivos de fiebre chikungunya, una enfermedad viral transmitida por el mosquito Aedes aegypti, el mismo vector del dengue. De esos casos, cuatro se localizaron en el departamento General San Martín, uno en Anta y otro en Rosario de la Frontera. El último grupo de casos en la zona fronteriza —dos hombres jóvenes de Salvador Mazza que viajaron a Bolivia— tienen un nexo epidemiológico importado, lo que demuestra la vulnerabilidad de la provincia frente al flujo humano y viral desde países vecinos.
Mientras tanto, un caso en Joaquín V. González, aún en investigación para determinar si fue autóctono o también traído desde afuera, obliga a las autoridades sanitarias a evitar la autocomplacencia en un contexto donde la vigilancia epidemiológica debe ser más estricta que nunca.
Los seis pacientes cursaron la enfermedad de manera relativamente leve, sin requerir internación en la mayoría de los casos, pero la advertencia de los especialistas es contundente: la detección temprana es clave, pero no puede reemplazar una prevención comunitaria efectiva, porque las condiciones ambientales (calor y lluvia) favorecen la proliferación del mosquito que transmite la enfermedad.
La preocupación no se circunscribe a Salta. Los datos regionales rezuman peligro: hasta la semana epidemiológica 3 de 2026, Bolivia reportó más de 4.000 casos de dengue, un aumento del 58% respecto a 2025, y **los casos de chikungunya alcanzaron los 976, cifra 18 veces superior a la registrada el año anterior en el país vecino —aunque muchos diagnósticos no fueron confirmados por laboratorio—.
En Bolivia la situación es incluso más grave: en la región de Santa Cruz, el brote de chikungunya está fuera de control, con más de 1.500 casos y al menos una muerte confirmada, y las autoridades sanitarias locales declararon la máxima alerta sanitaria ante el repunte del virus y la rápida duplicación de contagios.
Este escenario regional se combina con un ciclo epidemiológico en Argentina que, aunque inferior al de 2024 —donde hubo una epidemia histórica de dengue con cientos de miles de casos— mantiene en alerta a los sistemas de salud del norte, dado que la temporada de transmisión de arbovirus avanza con altas temperaturas y humedad que impulsan a Aedes aegypti.
Salta no puede mirar para otro lado. El movimiento constante de personas a través de cruces como Aguas Blancas y Salvador Mazza, la proximidad con zonas donde la transmisión es activa, y la presencia confirmada de casos importados obligan a una respuesta sanitaria que vaya más allá de las declaraciones oficiales y las recomendaciones de descacharrado.
Es una advertencia que va más allá de los seis nombres ya anotados en las estadísticas: no hay espacio para el descuido cuando la frontera caliente del arbovirus late del otro lado, con cifras que no dejan lugar a la indiferencia.
La política sanitaria de Salta está en la encrucijada entre el control epidemiológico serio o el repetido error de reaccionar después de que las enfermedades se instalan.







