VAQUEROS EN LLAMAS: Andrea Salvatierra acusada de cobrar dos sueldos del Estado

03/03/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: La concejala Andrea Salvatierra, recientemente electa presidenta del Concejo Deliberante de Vaqueros. Imagen.: IA.
En la pequeña localidad salteña de Vaqueros, lo que empezó como una turbulencia política se convirtió en un verdadero terremoto institucional cuyo epicentro sacude no sólo al Concejo Deliberante local, sino a toda la arquitectura formal del poder municipal. La concejala Andrea Salvatierra, recientemente electa presidenta del Concejo, protagonizó un intento inédito y abrupto de asumir como intendenta, desatando una crisis que empantana a funcionarios, jueces y vecinos en un conflicto de difícil salida.

Salvatierra, figura central de esta crisis, logró con ajustes internos llegar a la presidencia del Concejo Deliberante y, al día siguiente, intentó sin aviso ni consenso asumir la intendencia de Vaqueros, argumentando vacancia en el cargo y una supuesta “legitimidad institucional” de la que, para muchos, carece. La maniobra, abrupta y rodeada de sospechas, generó chispas políticas desde el primer momento.

La reacción no tardó en llegar. El actual intendente Daniel Viveros, imputado por no pocos sectores por su gestión pero aún en funciones, no sólo rechazó lo que definió como un “golpe interno” sino que acudió a la Corte de Justicia de Salta para que se lo ratifique en el cargo y se frene el intento de desalojo político. La presentación ante la máxima instancia judicial provincial fue tajante: Salvatierra y su grupo no tienen mandato constitucional para desplazar a un intendente electo.

El choque de poder no es meramente semántico ni circunscripto a una disputa de sillones. Sectores de la oposición en Vaqueros denuncian que detrás de la maniobra hay un intento deliberado de “debilitar la institucionalidad municipal”, una frase que no es inocua en un pueblo donde la convivencia política ya venía tensionada por años de desencuentros y pugnas por presupuestos y cargos. Empleados municipales y vecinos de a pie ya hablan de un ambiente “irrespirable”, donde cada decisión se interpreta como parte de una estrategia de poder más que como una respuesta a necesidades reales.

La movida de Salvatierra no estuvo exenta de críticas internas. Inclusive varios otros concejales que la acompañaron en su elección al frente del cuerpo deliberativo mantuvieron distancia al enterarse de su intención de forzar la asunción en la intendencia. Los cruces verbales en reuniones privadas y ahora en la opinión pública reflejan no sólo diferencias tácticas, sino profundas divisiones internas en un peronismo local que se fractura bajo presión.

La pulseada se convirtió en una cuestión judicial que promete prolongarse. Mientras Viveros busca que la Corte de Justicia frene el avance de Salvatierra y ratifique su continuidad como intendente, la concejala insiste en que su movimiento es legítimo y respaldado por “una interpretación constitucional” que ella sostiene. El resultado de este litigio institucional marcará un precedente en la provincia y puede redefinir las reglas de sucesión y remplazo de autoridades municipales.

Sectores críticos al intendente denuncian además que las acusaciones cruzadas esconden viejas rencillas personales y luchas por el control de recursos, contratación de proveedores y la influencia dentro del Concejo. En un municipio donde cada peso del presupuesto se disputa con intensidad, la política local se parece cada vez más a un tablero de ajedrez donde las piezas se mueven sin considerar las consecuencias sobre la gestión cotidiana.

En el medio de esta pelea de altos decibeles institucionales, los vecinos de Vaqueros observan perplejos cómo la política local se ha transformado en un campo de batalla con potenciales efectos no sólo en la forma de administrar sus tributos y servicios, sino en la propia definición de qué significa gobernar en tiempos de fracturas internas y audaces maniobras de poder.