20/03/2026.- Salta al Instante.- Por Gaby Pachteng.- Foto portada: Milei el destructor de las empresas y de los puestos de trabajo. Imagen: IA.
La promesa libertaria de prosperidad, eficiencia y mercado desatado contra el “Estado parásito” terminó chocando contra una realidad que no entra en ningún PowerPoint del Gobierno. Desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, el tejido productivo argentino empezó a deshilacharse con una velocidad que ya no se puede esconder: más de 22 mil empresas cerraron sus puertas en todo el país.
No se trata de un número tirado al aire ni de una consigna de campaña. Son datos oficiales del sistema de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT): en diciembre de 2023 había 512.898 empleadores registrados, y para noviembre de 2025 la cifra había caído a 490.419. La cuenta es brutal: 22.479 unidades productivas menos en apenas dos años de gestión libertaria.
Detrás de esa estadística hay una economía que se vacía. Talleres, comercios, pymes industriales, empresas de servicios. Un entramado productivo que durante décadas sostuvo empleo y consumo y que ahora se encuentra atrapado entre la recesión, la apertura importadora y la caída del mercado interno.
El resultado no tarda en sentirse en la vida cotidiana: cientos de miles de trabajadores menos en el sistema formal. Los números oficiales muestran que en ese mismo período se perdieron cerca de 290 mil empleos registrados, una caída que en promedio equivale a un puesto de trabajo destruido cada pocos minutos.
Mientras desde el Gobierno celebran el ajuste fiscal y la “libertad económica”, el mapa productivo del país muestra otra postal: 15 meses consecutivos de retroceso en la cantidad de empresas, con cierres que se acumulan en casi todas las provincias y en la mayoría de los sectores. Industria, transporte, comercio e inmobiliarias aparecen entre los rubros más golpeados por la combinación de recesión y caída del consumo.
La magnitud del desplome ya empieza a compararse con momentos críticos de la economía argentina. Informes económicos señalan que el cierre de empresas en los primeros años del gobierno de Javier Milei alcanza niveles similares a los registrados durante la pandemia, uno de los períodos más duros para la actividad productiva en décadas.
Mientras tanto, la narrativa oficial insiste en que el ajuste es el precio inevitable de la “reconstrucción”. Pero en la economía real —la que se mide en persianas bajas, despidos y fábricas vacías— la motosierra parece haber encontrado un blanco demasiado fácil: el propio sistema productivo argentino.
Y la pregunta que empieza a resonar en fábricas, oficinas y comercios es cada vez más incómoda: cuánto más puede resistir la economía antes de que la promesa libertaria termine convertida, definitivamente, en una larga lista de empresas que ya no existen.







