16/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: El anestesista Hernán Boveri y a la residente Delfina “Fini” Lanusse. Imagen: Web.
La trama que mezcla quirófanos, anestesia y consumo fuera de control sumó un capítulo que incomoda a los imputados. La causa por el robo de drogas en el Hospital Italiano, que tiene procesados y embargados por 100 millones de pesos al anestesista Hernán Boveri y a la residente Delfina “Fini” Lanusse, incorporó una declaración que los deja en el centro de la escena. Frente al juez Javier Sánchez Sarmiento, ambos negaron las acusaciones, confirmaron su relación sentimental y apuntaron contra una “testigo clave”, a la que acusaron de actuar por venganza.
Esa testigo es una anestesista del Hospital Italiano identificada como “Mechi”. Su relato fue incorporado al expediente y describe un circuito de robo y consumo de drogas anestésicas que, según dijo, conocía desde hacía más de un año. Señaló que Lanusse le había contado en febrero de 2025 que mantenía una relación clandestina con Boveri, quien sustraía sustancias del hospital para consumirlas juntos. En su declaración habló de propofol, fentanilo y otros insumos de quirófano.
La joven explicó que no denunció antes por miedo a ser señalada como “mala amiga” y porque creía que podía ayudar a Lanusse. Pero describió un deterioro progresivo: pérdida de peso, cambios anímicos y un agravamiento de la situación desde septiembre de 2025. En ese contexto aparece otro nombre: Chantal “Tati” Leclerc, residente del Hospital Rivadavia e imputada en la causa paralela por la muerte por sobredosis de Alejandro Zalazar.
El testimonio aporta escenas que la Justicia considera sensibles. En septiembre de 2025, “Mechi” y “Tati” habrían encontrado a Lanusse en su departamento, inconsciente, en el piso y con una vía colocada en el pie derecho. “Totalmente drogada”, fue la descripción. El detalle no pasó inadvertido: Alejandro Zalazar fue hallado en condiciones similares en su departamento de Palermo.
La situación no mejoró. Según la testigo, en febrero de 2026 Lanusse estaba “perdida”, desorientada y sin responder mensajes. El 9 de ese mes, cuando fue a verla, la recibió con un tapado en un día de más de 30 grados. Allí, según su relato, Lanusse dijo: “Hernán está loco” y aseguró que Boveri le había administrado propofol y ketamina contra su voluntad.
Con ese cuadro, “Mechi” y otras residentes llevaron la situación a las autoridades del Hospital Italiano. Hablaron con una mujer identificada como Rita, luego con el subjefe Juan de Domini y el jefe del servicio, Gonzalo Domenech. Se activaron protocolos internos, reuniones y actuaciones ante la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires. Todo ocurrió el 13 de febrero, una semana antes de que apareciera muerto Alejandro Zalazar en Palermo, con drogas sustraídas del hospital en su departamento.
Frente a esa declaración, Delfina “Fini” Lanusse contraatacó. Dijo que se trata de la versión de una ex amiga “mal psiquiátricamente” y sugirió una venganza personal. Se definió como una mujer “intachable”, negó haber robado drogas y sostuvo que la están “criminalizando por una situación personal”. Insistió en que quiere seguir ejerciendo la medicina, aunque no aclaró su posición sobre el consumo de anestésicos, pese a que ante la asociación había reconocido problemas en ese sentido.
Hernán Boveri también amplió su descargo. Justificó las jeringas encontradas en su casa como parte de un tratamiento oncológico para su perro, criticó al Hospital Italiano por no poder demostrar faltantes de drogas y apuntó contra la Asociación de Anestesistas por la falta de registros formales de las reuniones. Definió la causa como una “caza de brujas” y aseguró que el juez “imagina” sin pruebas. Sobre su vínculo con Lanusse, sostuvo que fue una relación “consentida, luego tergiversada y judicializada”.
La causa sigue creciendo. La Justicia espera nuevas pruebas y no descarta unificar este expediente con el que investiga la muerte de Alejandro Zalazar. Si eso ocurre, el escenario para los imputados podría agravarse aún más. En el centro de todo, una trama donde quirófanos, drogas y relaciones personales se mezclan en un expediente que no deja de escalar.






