CRISIS ECONÓMICA: Las Apps se hacen millonarias y los repartidores al límite

11/05/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
Las aplicaciones de delivery viven un boom en la Argentina, pero detrás del crecimiento explosivo del negocio se esconde una realidad cada vez más dura: los argentinos usan más las apps, aunque el sueldo ya no alcanza para pedir lo mismo que hace apenas un año.

Un informe de la consultora Focus Market reveló que el poder adquisitivo medido en cantidad de pedidos cayó un 12% interanual, incluso en medio de aumentos salariales. La explicación es brutal y directa: los precios de las comidas subieron mucho más rápido que los ingresos.

Lo que antes era una comodidad ocasional hoy se convirtió en un hábito masivo de consumo, impulsado por las plataformas digitales y la rutina urbana. Pero mientras crecen los pedidos, también se dispara la sensación de que comer mediante delivery se transformó en un lujo cada vez más inaccesible para millones.

El mercado está dominado por PedidosYa y Rappi, dos gigantes que registraron aumentos de precios impactantes durante el último año. Según el relevamiento, una hamburguesa pasó de costar alrededor de 10 mil pesos a unos 15 mil; una pizza ya ronda los 25 mil y un kilo de helado se acerca peligrosamente a los 30 mil pesos.

La consecuencia es clara: con el salario promedio actual, un trabajador puede comprar mucha menos comida que en 2025. Hace un año un sueldo alcanzaba para unas 132 hamburguesas; hoy apenas llega a 116. Lo mismo ocurre con pizzas, empanadas y prácticamente todos los productos más pedidos.

Pero la crisis no golpea solamente a los consumidores. Del otro lado de la cadena, los repartidores también atraviesan una situación crítica. Según datos de la Fundación Encuentro, un delivery necesitó realizar más de 450 pedidos mensuales para no caer bajo la línea de pobreza.

Eso implica jornadas agotadoras, gastos constantes en combustible, seguro, mantenimiento del vehículo y conexión móvil, mientras gran parte de los trabajadores apenas utiliza las aplicaciones como un ingreso extra porque vivir exclusivamente del reparto se volvió casi imposible.

En paralelo, los comercios también quedan atrapados en la presión del sistema. Las apps cobran comisiones que pueden llegar hasta el 35%, cifras que muchos gastronómicos consideran asfixiantes. A eso se suman las tarifas de servicio que pagan los clientes y que ya empezaron a ser cuestionadas judicialmente por presunto abuso.

El delivery sigue creciendo y las plataformas facturan cada vez más, pero el fenómeno deja al descubierto una postal incómoda de la economía argentina: consumidores que compran menos, trabajadores que necesitan multiplicar esfuerzos para sobrevivir y aplicaciones que se vuelven imprescindibles en medio de una crisis que no afloja.