12/05/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Mauricio Macri. Imagen: LPO/Juan Casas.
La tregua entre Mauricio Macri y Javier Milei terminó de romperse. Después de meses de apoyo ambiguo, silencios calculados y acuerdos tácticos, el líder del PRO decidió pasar a la ofensiva y empezó a despegarse públicamente de un Gobierno cada vez más golpeado por internas, escándalos y desgaste político.
La señal más fuerte llegó desde el Congreso: Macri ordenó a los diputados del PRO acompañar una eventual moción de censura contra Manuel Adorni si la oposición consigue llevar el tema al recinto.
La decisión cayó como una bomba dentro de la Casa Rosada. Porque no se trata solamente de una maniobra parlamentaria. Es una declaración política de ruptura. El expresidente eligió atacar directamente a uno de los funcionarios más blindados por el círculo íntimo libertario y dejó en claro que ya no está dispuesto a pagar el costo del deterioro del Gobierno.
La jugada además dejó expuesta otra fractura: Macri decidió pasar por encima de Cristian Ritondo, jefe del bloque PRO y principal interlocutor con La Libertad Avanza. Ritondo venía evitando confrontar con el oficialismo y buscaba mantener abiertos los canales de negociación. Pero el expresidente intervino directamente y bajó la orden política sin demasiadas vueltas.
Ahora la incógnita es si todos los diputados amarillos obedecerán o si parte del bloque preferirá seguir sosteniendo acuerdos con el mileísmo.
Más allá de la dificultad parlamentaria para remover a Adorni —un proceso complejo que requiere mayorías difíciles de reunir— el verdadero dato político es otro: Macri ya empezó a construir distancia pública frente al Gobierno.
Y lo hizo también a través de un durísimo comunicado del PRO que golpea no solo el caso Adorni, sino el corazón del relato libertario.
“El cambio no puede ser soberbia ni privilegio”, fue el mensaje implícito que buscó instalar el macrismo. El texto cuestiona el deterioro económico, la falta de sensibilidad social y el comportamiento de sectores del oficialismo que exigen sacrificios mientras quedan envueltos en escándalos y disputas de poder.
“Hay una diferencia entre que mejoren los números y que mejore tu vida”, lanzó el PRO en una frase que apunta directo al relato económico de Milei y Luis Caputo.
El comunicado también deja una advertencia feroz hacia el núcleo duro libertario: “El cambio tiene dos enemigos: el populismo de siempre y los que lo frenan desde adentro con soberbia, arrogancia y pedidos de sacrificio que no están dispuestos a hacer”.
La traducción política es brutal. Macri ya no presenta al problema como una simple interna. Empieza a instalar la idea de que el propio mileísmo puede terminar destruyendo el proyecto de derecha que prometía consolidar.
El trasfondo de este movimiento es mucho más profundo que la figura de Adorni. En el establishment económico y político ya empezó a crecer una pregunta incómoda: ¿qué pasa si Milei llega demasiado desgastado a 2027?
Ese temor abrió conversaciones reservadas sobre posibles alternativas dentro del mismo espacio ideológico. Y Macri no quiere quedar afuera de esa discusión.
Por eso el expresidente empezó a reposicionarse como garante de una derecha más tradicional, más ordenada y más conectada con los factores de poder clásicos. En otras palabras: intenta mostrarse como el dirigente capaz de sostener el rumbo económico sin el caos permanente que rodea a la Casa Rosada.
El conflicto con Adorni viene además de larga data. Macri nunca terminó de confiar en él. El expresidente incluso había intentado convencer a Milei de colocar a otras figuras con mayor experiencia política en lugares clave del Gobierno. Entre ellas, propuso reemplazar a Guillermo Francos por Horacio Marín. Milei eligió otro camino y desde entonces la relación entre ambos quedó herida.
Aquella cena privada entre Macri y Milei terminó mal. Muy mal. Y nunca volvieron a reconstruir del todo el vínculo.
Ahora, con la economía estancada, las internas libertarias fuera de control y el escándalo Adorni consumiendo energía política, Macri parece haber llegado a una conclusión: el Gobierno dejó de ser un activo y empezó a transformarse en un riesgo.
Por eso activó el operativo despegue.
El problema para Milei es que la ofensiva macrista aparece justo cuando también crecen tensiones con Patricia Bullrich, sectores del PRO empiezan a diferenciarse y el establishment busca desesperadamente un “plan B” frente al desgaste libertario.
La derecha argentina, que hace pocos meses parecía unificada detrás de Milei, ahora aparece atravesada por una guerra feroz de supervivencia política.
Y en esa batalla, Adorni se convirtió en mucho más que un funcionario cuestionado: pasó a ser el símbolo de un Gobierno que empieza a perder apoyos incluso entre quienes lo llevaron al poder.







