15/05/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: La Industria en Argentina sigue en picada con las políticas fallidas de un gobierno fallado. Imagen: Web.
El gobierno de Javier Milei intenta mostrar señales de recuperación económica, pero los números oficiales del empleo dejaron expuesta una realidad incómoda para la Casa Rosada: el sector privado sigue paralizado, la industria continúa destruyendo puestos de trabajo y fue el propio Estado —al que el oficialismo ataca permanentemente— el que terminó amortiguando el derrumbe laboral.
Los datos difundidos por la Secretaría de Trabajo en base al SIPA confirmaron que febrero logró cortar una racha negra de nueve meses consecutivos de caída del empleo registrado. Sin embargo, detrás de ese pequeño alivio estadístico aparece una crisis laboral mucho más profunda que el Gobierno no logra revertir.
Desde que Milei llegó al poder ya se destruyeron 290.059 puestos de trabajo asalariados registrados. La cifra impacta de lleno sobre el corazón del discurso libertario, que prometía una explosión de inversiones privadas, generación de empleo y reactivación productiva.
El empleo privado formal cayó un 3,2% desde noviembre de 2023 y quedó prácticamente congelado en niveles históricamente bajos. Hoy existen poco más de 6,16 millones de trabajadores asalariados privados registrados, muy lejos de los más de 6,37 millones que había antes del desembarco libertario en la Casa Rosada.
El deterioro empezó a acelerarse brutalmente desde mayo de 2025 y todavía no encuentra un freno sólido. La industria y el comercio siguen siendo los sectores más golpeados, mientras cientos de pequeñas y medianas empresas continúan ajustando personal o directamente bajando persianas en distintas partes del país.
La situación industrial ya genera alarma incluso entre especialistas que siguen de cerca la evolución del mercado laboral argentino. Según el investigador de la CTA Autónoma Luis Campos, la cantidad de trabajadores industriales cayó a niveles comparables con los peores momentos económicos de las últimas dos décadas.
Y lo más preocupante es que la caída ya alcanzó incluso a sectores históricamente resistentes, como la producción de alimentos.
Mientras tanto, crece otro fenómeno silencioso que empieza a transformar el mercado laboral argentino: la precarización.
Desde la llegada de Milei al poder se sumaron más de 172 mil nuevos monotributistas. El incremento supera el 8,5% y para muchos especialistas refleja una enorme transferencia de trabajadores desde empleos formales hacia esquemas mucho más frágiles, sin estabilidad, sin indemnización y con menos derechos laborales.
En la práctica, miles de personas dejaron de aparecer como empleados en relación de dependencia para pasar a facturar como “prestadores de servicios”, muchas veces realizando exactamente las mismas tareas que antes.
La promesa libertaria de un mercado laboral dinámico empieza a mostrar una cara mucho más áspera: menos empleo formal, más trabajo precario y salarios cada vez más golpeados por la inflación y el ajuste.
Paradójicamente, el dato que evitó otro desplome mensual vino del mismo lugar que Milei prometió achicar drásticamente: el Estado.
De los 8.336 puestos de trabajo recuperados en febrero, casi el 70% correspondió al sector público. Fueron 5.720 empleos estatales los que sostuvieron el balance positivo y evitaron que el mercado laboral volviera a cerrar otro mes en rojo.
La contradicción golpea de lleno al relato oficial.
Mientras el Gobierno insiste en que “el Estado es el problema”, los números muestran que fue justamente el empleo público el que evitó una nueva caída general del trabajo registrado.
También crecieron los puestos vinculados al trabajo en casas particulares, con más de 1.600 nuevas registraciones en un solo mes. Sin embargo, especialistas advierten que en muchos casos no se trata de empleo genuinamente nuevo, sino de regularización administrativa de trabajos informales que ya existían previamente.
La economía argentina sigue mostrando señales extremadamente débiles. El consumo continúa deprimido, la actividad industrial no logra recuperarse y el comercio todavía atraviesa una fuerte retracción.
Dentro del oficialismo ya empieza a crecer la preocupación por el impacto político y social de esta situación. Porque aunque el Gobierno logró desacelerar parcialmente la inflación y ordenar algunas variables macroeconómicas, el empleo todavía no despega y el desgaste empieza a sentirse con fuerza entre trabajadores, comerciantes y sectores medios.
La gran apuesta libertaria era que el sector privado se transformara en el motor de la recuperación económica. Pero los datos oficiales muestran otra realidad. La industria sigue cayendo. El trabajo formal no repunta. Y el Estado termina sosteniendo los números que el propio Gobierno quería destruir.








