LA FARSA DE LA CAUSA CUADERNOS: La ex de Centeno se desmayó justo cuando le mostraron mensajes extorsivos contra Baratta

27/05/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Hilda Horovitz, expareja de Oscar Centeno declaró en Comodoro Py. Imagen: Delfina Corbera/Pi.
El juicio de los “Cuadernos” volvió a convertirse en un espectáculo explosivo de escándalos, operaciones cruzadas, amenazas, sospechas de inteligencia y escenas dignas de un thriller político. Esta vez, el centro del terremoto fue Hilda Horovitz, la exmujer de Oscar Centeno, quien terminó descompensada en plena declaración justo cuando empezaban a exhibirse mensajes comprometedores enviados por ella misma en tono extorsivo al exfuncionario Roberto Baratta.

La escena en Comodoro Py fue tan extraña como simbólica. Después de horas de testimonio cargado de acusaciones, contradicciones y frases explosivas, Horovitz comenzó a quedarse sin voz, se mostró visiblemente alterada y finalmente hubo que llamar a una ambulancia.

¿La coincidencia? El colapso ocurrió exactamente cuando los jueces y abogados empezaban a profundizar sobre chats y mensajes donde ella presionaba a Baratta insinuando denuncias, reclamos económicos y escándalos mediáticos.

El juicio quedó suspendido y continuará la semana próxima.

Pero el daño político ya estaba hecho.

Durante buena parte de la audiencia, Horovitz intentó construir una imagen devastadora de Centeno: lo acusó de violento, alcohólico, manipulador y de haberla usado como “testaferro” para ocultar bienes, autos y movimientos económicos sospechosos.

Según su relato, el exchofer de Baratta se emborrachaba constantemente, la golpeaba y acumulaba propiedades mientras decía recibir apenas “migajas” del poder político.

Sin embargo, cuando llegó el momento clave —el contenido real de los famosos cuadernos— la declaración empezó a hacer agua.

Horovitz reconoció que sí vio los cuadernos guardados en un armario de la casa, pero aseguró que nunca los leyó realmente. Apenas “miró algunas hojas por arriba”.

Y ahí apareció una frase demoledora que puede reventar el corazón mismo de la causa judicial más emblemática del macrismo judicial: dijo que Centeno escribía esos cuadernos “por si algún día lo dejaban sin trabajo”.

La frase cayó como una bomba.

Porque instala, directamente, la sospecha de que los cuadernos podían funcionar como mecanismo de presión, apriete o seguro político más que como un registro espontáneo de corrupción.

La audiencia además dejó expuesta una trama paralela de operaciones, vínculos oscuros y conexiones con personajes que orbitan históricamente alrededor de causas explosivas de Comodoro Py.

Horovitz contó que recurrió directamente al fiscal Carlos Stornelli porque creía que en una comisaría “no la iban a escuchar”. Casualmente, terminó cayendo en manos del mismo fiscal que luego impulsaría la megacausa Cuadernos junto al fallecido juez Claudio Bonadío.

Y ahí empiezan las preguntas incómodas.

La mujer dijo haber declarado ante Stornelli, aunque el acta formal solo aparece firmada por Bonadío. También se recordó en la audiencia que los famosos cuadernos llegaron primero al periodista Diego Cabot, después de pasar por manos del ex policía Jorge Bacigalupo, amigo de Centeno y figura rodeada de sospechas.

Bacigalupo aseguró en su momento que Centeno le entregó los cuadernos porque temía ser extorsionado por su exmujer.

Pero la trama se vuelve todavía más turbia.

Varias defensas sostienen que detrás del expediente existió una gigantesca operación de inteligencia política y judicial. Y no ayudan las conexiones reveladas en el juicio: comunicaciones con ex policías, movimientos extraños, reuniones informales y vínculos cruzados entre testigos, periodistas y funcionarios judiciales.

En medio de ese clima, Horovitz también admitió que buscaba desesperadamente llegar a los medios de comunicación para exponer a Centeno y ganar visibilidad pública.

Allí aparece otro personaje polémico: Miriam Quiroga, quien años atrás intentó instalar denuncias sobre bolsos con dinero durante el kirchnerismo, causas que terminaron sin pruebas y archivadas judicialmente.

Horovitz reconoció que intercambiaba mensajes y audios con Quiroga buscando contactos televisivos y mediáticos.

Y después llegó el momento más incómodo de todos.

Los abogados comenzaron a leer en voz alta mensajes enviados por Horovitz a Baratta. Allí aparecían reclamos por viviendas, dinero, favores y amenazas veladas de hacer denuncias públicas.

Incluso llegó a mandarle fotos de bolsos que estaban en su casa y que supuestamente utilizaba Centeno.

Baratta jamás le respondió.

Minutos después, Horovitz se quebró físicamente.

Ahora el juicio quedó en suspenso, pero la sensación en los tribunales es que la audiencia terminó abriendo más dudas que certezas.

Porque mientras la causa Cuadernos fue presentada durante años como la prueba definitiva de la corrupción kirchnerista, cada nueva audiencia empieza a mostrar una trama cada vez más oscura, caótica y atravesada por operaciones políticas, intereses cruzados y personajes de credibilidad devastada.