27/05/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Supermercado. Imagen: Web.
La tercera semana del mes encendió todas las alarmas: los alimentos pegaron un salto del 1,2% en apenas siete días y ya presionan fuerte sobre el índice general, que según consultoras privadas podría cerrar cerca del 2,2% mensual.

El dato destruye el optimismo oficial.
Porque el Gobierno venía apostando a mostrar desaceleración inflacionaria como único sostén político frente a una economía destruida, salarios pulverizados y consumo en caída libre.
Pero la realidad volvió a golpear las góndolas.
Según el relevamiento de la consultora Eco Go, el principal bombazo vino del lado de las verduras, que explotaron con aumentos promedio del 6,9% en una sola semana. Algunas categorías directamente se dispararon hasta un 9,9%.
La explicación es estacional, sí. Pero el problema político es otro: la gente no come tecnicismos económicos.
Come —o intenta comer— con salarios cada vez más deteriorados.
Y mientras los funcionarios celebran supuestos logros macroeconómicos en redes sociales y conferencias de prensa, el changuito del supermercado se convierte otra vez en un campo minado.
El golpe también alcanzó a productos esenciales de la mesa cotidiana.
La carne vacuna volvió a acelerar aumentos y registró una suba del 0,9%, mientras los lácteos y almacén también empezaron a recalentar precios. Los quesos duros aumentaron 2,4%, la yerba 1,5% y los aceites otro 1,5%.
Todo en un contexto social explosivo donde el consumo masivo sigue derrumbándose.
Y el problema no termina en la comida.
La inflación de mayo también llega empujada por nuevos tarifazos en el transporte público del AMBA. Los trenes subieron 10,4% y los colectivos nacionales casi 4%, sumando más presión sobre trabajadores que ya llegan asfixiados a fin de mes.
A eso se agregan nuevas subas en salud, medicamentos, educación y equipamiento del hogar.
El combo empieza a configurar un escenario delicado para el oficialismo: inflación todavía alta, salarios atrasados y caída brutal del consumo.
Las consultoras privadas ya miran con preocupación el desfasaje entre la realidad y el discurso del Gobierno. De hecho, la inflación acumulada en el primer cuatrimestre ya superó lo que el Presupuesto 2026 proyectaba para todo el año.
Un fracaso técnico y político monumental. Mientras tanto, el mileísmo sigue intentando instalar la idea de que la economía “ya tocó fondo” y que la recuperación está a la vuelta de la esquina. Pero los números muestran otra cosa. El consumo se desploma, los alimentos vuelven a remarcar fuerte y la clase media sigue perdiendo poder adquisitivo a velocidad récord. El problema para el Gobierno es que la inflación no se mide en cadenas nacionales ni en posteos de X. Se mide en la heladera. Y ahí cada vez hay menos margen para el relato.






