29/05/2026.- Salta al Instante.- Por Nico Ortiz.-Foto portada: José Luis Espert con Milei. Imagen: Web.
José Luis Espert quedó otra vez en el centro de un escándalo explosivo que amenaza con derrumbar el discurso anticasta que durante años utilizó como bandera política. La causa judicial que investiga al exdiputado libertario por presunto lavado de dinero sumó en los últimos días una serie de testimonios demoledores que exponen un circuito clandestino de dólares, transferencias sospechosas y operadores informales que, según la investigación, habrían servido para financiar el lujoso estilo de vida del economista.
La trama judicial, que avanza en los tribunales federales de San Isidro bajo la órbita del juez Lino Mirabelli y el fiscal Fernando Domínguez, comenzó a mostrar escenas que parecen sacadas de una película de maniobras financieras clandestinas. Deliverys convertidos en “motoarbolitos”, vendedores ambulantes, operadores cripto y trabajadores informales desfilaron ante la Justicia relatando cómo terminaron transfiriendo millones de pesos a cuentas vinculadas a Espert sin siquiera conocerlo personalmente.
Uno de los testimonios que más impacto generó fue el de un joven repartidor de Pedidos Ya, identificado como Adán, quien confesó haber retirado dólares en reiteradas oportunidades desde la casa de Espert en Beccar para luego venderlos en el mercado informal del microcentro porteño. Según declaró, las operaciones se realizaban mediante un mecanismo tan rudimentario como alarmante: retiraba sobres con dólares del domicilio del dirigente libertario, recorría la calle Florida buscando el mejor cambio y luego transfería los pesos obtenidos directamente a la cuenta bancaria del economista.
El relato incluyó detalles que dejaron atónitos incluso a los investigadores. Adán aseguró que casi siempre era recibido por María Mercedes “Mechi” González, esposa de Espert, quien le entregaba los sobres con dinero en la cocina de la vivienda familiar mientras un perro labrador le mordía el casco al ingresar por el portón negro de la propiedad. El repartidor afirmó haber realizado entre ocho y diez operaciones, aunque la fiscalía ya tendría registradas al menos 19 transferencias por un monto total de más de 21 millones de pesos.
Según surge de la causa, esas maniobras habrían servido para blanquear dólares jamás declarados por el exdiputado nacional. Los investigadores sostienen que Espert habría ingresado al sistema financiero cerca de 225 millones de pesos mediante depósitos en efectivo, transferencias desde personas de bajos recursos y movimientos bancarios provenientes de sociedades sospechadas de ser fantasma.
La situación judicial del economista comenzó a complicarse aún más cuando otros testigos aseguraron que jamás supieron que estaban enviando dinero al entonces referente de La Libertad Avanza. Varios declararon que realizaban operaciones de compra de dólares en el mercado informal y que simplemente seguían instrucciones de transferir pesos a alias bancarios proporcionados por “arbolitos” o intermediarios financieros.
Uno de ellos aseguró que le llamó la atención ver el nombre “José Luis Espert” al realizar una transferencia, aunque jamás imaginó que pudiera tratarse del dirigente político. Otro testigo sostuvo que necesitaba dólares para pagar deudas y terminó enviando millones de pesos sin conocer el destino final de la operación.
La causa también destapó un submundo de “arbolitos digitales” vinculados al universo cripto. Operadores acostumbrados a mover USDT, efectivo y transferencias entre terceros reconocieron haber realizado giros millonarios a cuentas de Espert sin ningún vínculo directo con él. Algunos admitieron que dentro del circuito informal es habitual que aparezcan cuentas desconocidas para canalizar movimientos de dinero y liberar criptomonedas o efectivo.
Uno de los testimonios más insólitos fue el de un ciudadano peruano que se definió como “un busca”, dedicado actualmente a vender figuritas del Mundial y operar mediante Mercado Pago porque tiene bloqueada su cuenta bancaria tradicional. El hombre descubrió durante su declaración judicial que había transferido más de un millón de pesos a Espert y reconoció no tener idea del motivo. “Es rarísimo todo esto”, declaró ante los funcionarios judiciales.
Detrás de todas estas maniobras aparece además la figura de Federico “Fred” Machado, el empresario argentino que admitió delitos de fraude y lavado de activos ante la Justicia de Estados Unidos y cuya relación con Espert ya había quedado bajo la lupa meses atrás. Los investigadores sospechan que el vínculo entre ambos habría sido clave en el abrupto cambio de nivel de vida del economista libertario.
Mientras la investigación avanza, los testimonios empiezan a dibujar un esquema cada vez más delicado para el exdiputado nacional. La hipótesis judicial apunta a un sistema casero pero constante de circulación de dólares no declarados, triangulados mediante personas ajenas a la política, operadores callejeros y transferencias fragmentadas destinadas a evitar controles.
El expediente ya no solo pone bajo sospecha el origen de los fondos que manejaba Espert, sino también la estructura utilizada para mover dinero por fuera del circuito formal mientras públicamente se presentaba como uno de los principales defensores de la transparencia económica y el ajuste contra “la casta política”.
La acumulación de testimonios, registros bancarios y movimientos sospechosos empieza a encerrar al economista en una tormenta judicial y política que amenaza con convertirse en uno de los mayores escándalos financieros vinculados al universo libertario.







