19/06/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Imagen: Prensa Gobierno de la Provincia de Salta.
Durante años, la minería fue presentada como la gran esperanza económica de Salta. Gobiernos, empresarios y especialistas destacaron una y otra vez el potencial del litio y otros proyectos extractivos para transformar la realidad productiva de la provincia. Sin embargo, los números conocidos en las últimas horas revelan una realidad mucho más dura: el impacto sobre la generación de empleo formal sigue siendo extremadamente limitado.
Un informe elaborado por PwC Argentina en base a datos oficiales del Ministerio de Capital Humano expuso que entre diciembre de 2011 y diciembre de 2025 la provincia de Salta generó apenas 9 mil nuevos puestos de trabajo privados registrados, una cifra que pone en evidencia las dificultades estructurales para crear empleo de calidad incluso en un contexto de fuerte expansión minera.
El dato adquiere todavía mayor relevancia cuando se analiza el desempeño del resto del país.
A nivel nacional, el empleo asalariado registrado en el sector privado apenas creció un 1,6% en catorce años, reflejando una economía que no logra convertir crecimiento sectorial en oportunidades laborales masivas. Sin embargo, algunas provincias consiguieron destacarse claramente por encima del promedio.
El caso más emblemático es el de la provincia de Neuquén. Impulsada por el fenómeno de Vaca Muerta, logró sumar alrededor de 60 mil nuevos empleos privados formales, registrando un crecimiento acumulado superior al 66%.
La diferencia resulta impactante.
Mientras Neuquén se convirtió en la locomotora del empleo privado argentino gracias al desarrollo petrolero y gasífero, Salta, pese a vivir un auge minero que prometía cambiar su matriz económica, quedó muy lejos de esos resultados.
El informe muestra que Neuquén explicó por sí sola más de la mitad de todo el empleo privado formal creado en Argentina durante el período analizado. Allí no sólo crecieron las actividades vinculadas directamente a la extracción de hidrocarburos, sino también sectores asociados como la construcción, el comercio, la hotelería, la gastronomía, el transporte y la fabricación de maquinaria.
Detrás aparecieron la provincia de Buenos Aires con unos 44 mil nuevos empleos registrados, Santa Fe con 15 mil, Córdoba con 14 mil y Río Negro con 11 mil.
Recién en el sexto lugar aparece Salta.
Aunque sumar 9 mil puestos registrados puede parecer una cifra importante, el dato pierde fuerza cuando se analiza en perspectiva. En términos absolutos representa una porción reducida del empleo generado en el país y, además, corresponde a un período de catorce años.
En promedio, significa poco más de 640 nuevos empleos privados formales por año para una provincia que ha promocionado intensamente sus proyectos mineros como motores de desarrollo.
Si bien el informe no detalla cuáles fueron las actividades que impulsaron ese crecimiento, gran parte de los analistas coincide en que la minería y los servicios vinculados a ella explican buena parte de los nuevos puestos registrados.
Sin embargo, los números también alimentan un debate que viene creciendo en distintos sectores: ¿hasta qué punto la minería genera empleo masivo?
Los datos parecen indicar que, al menos hasta ahora, el impacto laboral está lejos de las expectativas que se generaron durante los últimos años.
Detrás de Salta aparecen Corrientes, Catamarca, Chaco, Santiago del Estero, Jujuy, La Pampa y Misiones, mientras que Mendoza y Entre Ríos registraron crecimiento cero.
Más preocupante aún es la situación de varias jurisdicciones que directamente destruyeron empleo formal privado durante el período analizado.
La peor performance correspondió a la Ciudad de Buenos Aires, donde desaparecieron alrededor de 41 mil puestos de trabajo registrados, lo que representa una caída acumulada del 2,6%.
El estudio deja una conclusión inquietante: Argentina atravesó más de una década con escasa capacidad para generar empleo privado formal, concentrando las pocas oportunidades laborales en actividades y regiones muy específicas.
Y en ese escenario, Salta aparece mostrando una realidad que contrasta con los discursos optimistas sobre el potencial transformador de la minería. A pesar de las multimillonarias inversiones, los anuncios de expansión y las promesas de crecimiento, los números reflejan que el empleo privado registrado continúa avanzando a un ritmo demasiado lento para modificar de manera significativa la situación laboral de la provincia.
La gran pregunta que queda abierta es si el esperado desarrollo minero logrará alguna vez traducirse en una verdadera revolución del empleo o si seguirá siendo una actividad de enorme impacto económico, pero con efectos limitados sobre el mercado laboral salteño.







