24/06/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Gonzalo Guzmán Coraita junto a Javier Milei. Imagen: Web.
La descomposición ética que arrastra el proyecto de La Libertad Avanza sumó un capítulo de profunda degradación política en el Congreso de la Nación. En un intento desesperado por abroquelar a sus filas frente al avance de las investigaciones judiciales por presunta corrupción y enriquecimiento ilícito, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, montó un cuestionable besamanos en la Casa Rosada para adoctrinar a los senadores oficialistas sobre cómo blindarlo públicamente. Mientras figuras de peso decidieron vaciarle la reunión para evitar quedar pegadas a un funcionario acorralado por la sombra de sospechas patrimoniales —que incluyen explicaciones irrisorias sobre herencias ocultas en efectivo y milagrosas inversiones cripto—, el senador salteño Gonzalo Guzmán Coraita corrió sumiso a entregar su presencia, consumando una humillación política que destruye su propio pasado.
La presencia de Guzmán Coraita en el segundo turno de la convocatoria de Adorni causó indignación y asco en la provincia de Salta. Quien hoy actúa como un dócil servidor de la casta libertaria supo edificar su carrera pública bajo el ropaje de un puritano cruzado institucional, erigiéndose en fundador del sitio “Salta Transparente” y presentándose ante la sociedad como el paladín implacable contra la corrupción y la opacidad gubernamental. Toda esa supuesta arquitectura moral se derrumbó por completo al cruzar el umbral del despacho de un jefe de Gabinete que pasó de la austeridad discursiva a un vertiginoso incremento patrimonial de propiedades y dólares en efectivo que la Justicia ya tiene bajo la lupa. La foto del salteño rindiéndole pleitesía al funcionario investigado confirma el viejo axioma popular: el poder no cambia a las personas, simplemente les quita la máscara y revela quiénes eran en verdad.
El operativo de salvataje político montado desde la Jefatura de Gabinete evidenció las profundas fracturas y la cobardía que imperan en el bloque oficialista. Senadores con mayor instinto de supervivencia o un mínimo de decoro institucional optaron por pegar el faltazo aduciendo supuestos problemas de agenda para no quedar retratados junto a la farsa del funcionario. Incluso dentro de la representación salteña, la diputada Emilia Orozco prefirió distanciarse del cónclave de subordinación. Sin embargo, Guzmán Coraita prefirió sumarse al pelotón de legisladores disciplinados, entregando el prestigio que alguna vez simuló tener en las ONG contra la corrupción para convertirse en un mero peón de contención judicial. El otrora fiscal de la transparencia local hoy se sienta obediente a recibir instrucciones sobre cómo defender lo indefendible, demostrando que la retórica anticorrupción del universo libertario era solo el trampolín para acceder a los privilegios del Estado y arrodillarse ante los caprichos del poder de turno.






