26/06/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Reunión de la CGT. IMagen: Web.
AZOPARDO.— En una muestra flagrante de tibieza y desconexión total con el sufrimiento popular, la cúpula de la CGT volvió a demostrar que le tiemblan las piernas a la hora de enfrentar el plan de miseria planificada del gobierno libertario. Mientras las familias argentinas se hunden en el endeudamiento y la desocupación escala a niveles alarmantes, los «gordos» de la central obrera se reunieron en la histórica sede de la calle Azopardo solo para confirmar lo que ya es un secreto a voces: patearon el paro general para adelante y dejaron desamparados a millones de trabajadores.
Tras horas de rosca y debates estériles, las fuentes sindicales salieron con una excusa insólita y cobarde, afirmando que la opción de una huelga nacional todavía «está muy verde» y que la bronca debe surgir «de abajo hacia arriba». ¿Qué más necesitan que pase en el país para reaccionar? ¿Cuánto más tiene que bajar el salario real para que se dignen a llamar a una medida de fuerza?
Internas feroces, ausencias sospechosas y el fantasma de la complicidad
El encuentro cegetista fue un verdadero cambalache de reproches y deserciones que exponen la fractura expuesta del sindicalismo tradicional. Mientras sectores más combativos pedían a gritos un paro de 36 horas con movilización a Plaza de Mayo para frenar en seco el atropello oficialista, la mayoría claudicó ante la idea de un «plan de acción temático» y difuso que nadie sabe cuándo ni cómo empezará.
Para colmo de males, las ausencias en las sillas clave encendieron todas las alarmas de complicidad:
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Héctor Daer (Sanidad): El cotitular de la central prefirió armar las valijas y viajar a Santa Cruz en pleno ojo de la tormenta social.
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Luis Barrionuevo (Gastronómicos) y Mario Calegari (UTA): Los mismos que hace un mes agitaban con tono épico que «con un paro de 36 horas cae Milei», misteriosamente pegaron el faltazo y mandaron segundones a negociar la capitulación.
«Es un papelón»: El crudo sincericidio que expone la parálisis sindical
El nivel de entreguismo generó tanta indignación que algunos dirigentes rompieron el pacto de silencio. “Es un desastre, es un papelón, la están pateando para adelante”, estalló un gremialista que abandonó la reunión anticipadamente, asqueado por la falta de coraje de sus pares para capitalizar el descomunal descontento social contra la Casa Rosada.
“La gente está muy disconforme pero putean al sindicalismo y no al gobierno”, analizó con pánico un colaborador de la CGT, desnudando el verdadero miedo de la cúpula: que el pueblo los pase por arriba ante tanta inacción.
Charlatanería en los medios mientras el bolsillo sangra
En lugar de lanzar un plan de lucha contundente para frenar el ajuste, la brillante idea de la CGT para los próximos meses consiste en «salir a volantear», ralentizar la marcha de los trenes y buscar «nuevos referentes» para pasear por los canales de televisión. Una estrategia de cotillón que suena a burla para el 20% de la población que hoy está endeudada hasta el cuello para poder comprar comida.
Con la oposición política atomizada y un peronismo sin interlocución, la CGT eligió el camino de la siesta eterna y el desgaste de baja intensidad. Una tregua de oro para un Javier Milei que, desde Olivos, celebra la fenomenal miopía de una dirigencia sindical que prefiere mirar el almanaque antes que defender el plato de comida de los argentinos.







