20/07/2026.- Salta al Instante.– Foto portada: Ilustrativa. Web.
La inversión cayó al 16,5% del PBI y alcanzó su nivel más bajo desde la megadevaluación de 2023. Con la obra pública paralizada, fábricas trabajando a media máquina y empresarios sin incentivos para apostar por la producción, la economía real atraviesa uno de sus momentos más delicados.
Mientras el Gobierno de Javier Milei celebra la baja del riesgo país y exhibe el superávit fiscal como principal logro de gestión, la economía productiva muestra un panorama muy distinto. La inversión volvió a desplomarse durante 2026 y ya se ubica en niveles considerados críticos para el crecimiento del país.
De acuerdo con datos del INDEC y de la consultora Orlando Ferreres, la formación bruta de capital fijo —el indicador que mide cuánto invierte un país en maquinaria, infraestructura y tecnología— cayó hasta representar apenas el 16,5% del Producto Bruto Interno (PBI). Se trata del registro más bajo desde la fuerte devaluación de diciembre de 2023 y muy cerca del piso que los economistas consideran necesario para evitar la descapitalización de la economía.
El retroceso no es menor. En el primer trimestre del año la inversión bajó un 1,7% respecto del cierre de 2025 y la tendencia se profundizó en los meses siguientes. En mayo, la inversión real cayó un 6,6% interanual, mientras que el rubro de maquinarias y equipos sufrió un derrumbe del 12%.
El escenario refleja una economía donde cada vez se destina menos dinero a ampliar la capacidad productiva. Sin nuevas inversiones, las empresas postergan proyectos, se frena la incorporación de tecnología y disminuyen las posibilidades de generar empleo y crecimiento sostenido.
Uno de los factores que explican la caída es la decisión del Gobierno nacional de reducir prácticamente a cero la inversión pública para sostener el superávit fiscal. La paralización de obras de infraestructura impacta directamente sobre rutas, transporte, logística y servicios esenciales, incrementando los costos para la producción.
Las advertencias ya no provienen únicamente de sectores críticos al oficialismo. Incluso empresarios cercanos al Gobierno comenzaron a reclamar inversiones en infraestructura. Durante la Exposición Rural, referentes del agro y la construcción señalaron que sin mejoras en caminos, puertos y transporte será muy difícil competir tanto en el mercado interno como en el exterior.
Al mismo tiempo, el sector privado tampoco encuentra motivos para invertir. La industria argentina funciona apenas al 58,4% de su capacidad instalada, mientras que más de la mitad de las empresas asegura que la principal limitación para producir es la caída de la demanda interna, consecuencia del deterioro del poder adquisitivo de los hogares.
En ese contexto, especialistas advierten que algunos indicadores oficiales pueden generar interpretaciones engañosas. Aunque el consumo privado representa hoy una mayor porción del PBI, esto no significa que los argentinos estén comprando más, sino que la inversión perdió peso dentro de la economía, alterando la composición de la demanda.
La gran apuesta del Gobierno sigue siendo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Según el ministro Luis Caputo, ya fueron aprobados 21 proyectos que prometen inversiones por unos 46.000 millones de dólares. Sin embargo, hasta el momento esos anuncios todavía no muestran un impacto concreto sobre la actividad industrial ni sobre la recuperación del empleo.
Con una economía donde las fábricas producen por debajo de su capacidad, el consumo continúa debilitado y las inversiones siguen retrocediendo, crecen las dudas sobre la capacidad del modelo económico para impulsar un crecimiento sostenido más allá de los indicadores financieros.







