14/09/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Obispo Prelado de Cafayate, Darío Rubén Quintana. Imagen: Web.
Monseñor Darío Rubén Quintana reclamó más paz social, cuestionó la violencia y pidió atender a los jóvenes afectados por las adicciones durante el inicio del Triduo del Milagro.
En el inicio del Triduo del Milagro, la Iglesia salteña lanzó un fuerte llamado a recuperar la paz social, atender a los sectores más vulnerables y reforzar el compromiso de la sociedad frente a problemas como la inseguridad, la violencia y las adicciones.
El mensaje fue pronunciado por monseñor Darío Rubén Quintana, quien puso el foco especialmente en la situación de los jóvenes y en las dificultades que atraviesan numerosas familias.
Durante su intervención, el religioso advirtió sobre una realidad marcada por la inseguridad en los barrios, la violencia dentro de los hogares, la falta de diálogo y el avance del alcohol y las drogas.
“La paz no puede quedar solamente en una oración”
Quintana sostuvo que el pedido de paz adquiere una urgencia especial frente a los conflictos que atraviesa la sociedad.
El monseñor señaló que la intolerancia y la agresividad forman parte de situaciones que afectan la convivencia cotidiana y planteó que la paz no puede limitarse a una expresión religiosa.
“La paz no puede quedar solamente en una intención o en una oración”, afirmó, al remarcar que debe traducirse en acciones concretas y en un compromiso cotidiano con los demás.
El planteo puso el acento en la responsabilidad individual y colectiva para enfrentar los problemas sociales que afectan a las comunidades.
Inseguridad, violencia y adicciones
Durante su mensaje, Quintana describió distintas situaciones que generan preocupación en los barrios salteños.
“Nos duele ver la inseguridad en nuestros barrios, la violencia dentro de tantos hogares donde faltan el respeto y el diálogo”, expresó.
También hizo referencia al impacto del consumo problemático entre los jóvenes y sostuvo que el alcohol y las drogas pueden llevarlos a situaciones de profundo deterioro personal y social.
“Nos estremece ver cómo el alcohol y la droga destruyen la vida de nuestros jóvenes, empujándolos al sinsentido”, manifestó.
La advertencia se produjo en el marco de una celebración religiosa que reúne cada año a miles de salteños alrededor de la devoción al Señor y la Virgen del Milagro.
Un llamado a cuidar a los sectores más vulnerables
El mensaje también incluyó un reconocimiento al trabajo de diferentes instituciones que intervienen frente a la inseguridad y las problemáticas sociales.
Quintana destacó el esfuerzo de las instituciones, las fuerzas de seguridad legítimas y los centros de asistencia que trabajan para recuperar el orden, la justicia y proteger a quienes se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad.
“Valoramos y apoyamos el esfuerzo de las instituciones, de las fuerzas de seguridad legítimas y de los centros de asistencia que trabajan para recuperar el orden, la justicia y cuidar a los más vulnerables”, sostuvo.
El concepto de cuidado hacia los sectores más desprotegidos quedó así como uno de los ejes centrales de su intervención.
“El verdadero cambio empieza en cada uno”
Lejos de limitar el mensaje a una responsabilidad exclusiva del Estado o de las instituciones, el religioso también apuntó a los vínculos cotidianos.
Quintana sostuvo que la transformación social comienza en ámbitos cercanos como la familia, la educación y la comunidad.
“El verdadero cambio empieza en cada uno de nosotros cuando sanamos los vínculos familiares, educamos en el respeto y tendemos una mano para rescatar a un joven de las adicciones”, afirmó.
El mensaje de la Iglesia salteña durante el inicio del Triduo del Milagro quedó atravesado así por un reclamo de paz social, respeto, diálogo y protección de los jóvenes, en un contexto marcado por la preocupación por la inseguridad y las adicciones.
Aunque el religioso no mencionó directamente a Javier Milei ni a su gobierno, sus referencias a la situación social, la protección de los sectores vulnerables y la necesidad de garantizar justicia y asistencia adquieren una dimensión política dentro del debate actual sobre el rol del Estado y las políticas sociales.







