Polémica por la venta de agua pesada argentina a EE.UU.

28/09/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
La venta de unas 3,5 toneladas de agua pesada de una empresa vinculada a Neuquén y la CNEA a compañías de Estados Unidos y Alemania generó cuestionamientos en el sector nuclear. Especialistas advierten sobre el futuro de la PIAP de Arroyito y denuncian una pérdida progresiva de capacidades tecnológicas estratégicas.

La venta de aproximadamente 3,5 toneladas de agua pesada pertenecientes a la Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería (ENSI), controlada por la provincia de Neuquén y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), abrió una nueva polémica sobre el rumbo de la política nuclear argentina.

El material fue ofrecido mediante una compulsa internacional en la que participaron empresas de China, Alemania y Estados Unidos. Según distintas publicaciones, una firma china había presentado una oferta considerada conveniente, pero finalmente el cargamento fue enviado a Cambridge Isotope Laboratories (CIL), en Estados Unidos.

La operación generó cuestionamientos públicos y puso nuevamente bajo la lupa la situación de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) de Arroyito, una instalación estratégica para la producción de este insumo.

Cuestionamientos por el destino de la operación

El periodista Alejandro Bercovich difundió imágenes del cargamento y cuestionó que el material terminara en Estados Unidos. Posteriormente, una publicación de Econojournal señaló que el Ministerio de Defensa habría intervenido para impedir la venta a una compañía china.

Desde la denominada Oficina de Respuesta Oficial rechazaron esa versión y aseguraron que el material comercializado era de “grado no nuclear”. También sostuvieron que la operación se realizó mediante una compulsa internacional y que empresas estadounidenses y alemanas resultaron adjudicatarias por presentar las mejores ofertas.

La ex presidenta de la CNEA y actual diputada Adriana Serquis planteó dudas sobre el precio obtenido y sobre el destino de los recursos. Según señaló, se esperaba que el dinero contribuyera a financiar la recuperación de la PIAP, mientras que la planta continúa atravesando un proceso de reducción de personal.

La preocupación por la PIAP

El físico Andrés Kreiner, especialista que sigue la situación de la planta neuquina, cuestionó la explicación oficial sobre la calidad del agua pesada exportada. Según afirmó, al menos uno de los lotes habría alcanzado una pureza del 99,88%, que considera aprovechable para las centrales argentinas mediante procesos de dilución.

Kreiner también advirtió sobre la pérdida de capacidades profesionales acumuladas durante décadas. La PIAP llegó a contar con aproximadamente 400 trabajadores en 2017, mientras que actualmente tendría alrededor de un centenar.

El especialista expresó preocupación ante la posibilidad de que la planta termine cerrada. Una eventual concesión había sido analizada con participación de empresas privadas que, según indicó, habrían planteado una inversión cercana a US$120 millones para reacondicionar las instalaciones y ponerlas nuevamente en funcionamiento en unos 36 meses.

Una tecnología estratégica

El agua pesada es utilizada como moderador de neutrones en determinados reactores nucleares que funcionan con uranio natural. Argentina desarrolló durante décadas capacidades propias vinculadas con esta tecnología y la PIAP de Arroyito ocupa un lugar central en ese esquema.

Kreiner sostiene que el país corre el riesgo de perder una línea tecnológica construida durante aproximadamente seis décadas, mientras depende de importaciones para abastecer las necesidades de sus centrales.

Según explicó, desde 2017 Argentina importa agua pesada desde India para cubrir las aproximadamente 15 toneladas anuales que requieren sus centrales. Para el especialista, esa situación implica resignar la posibilidad de producir localmente un insumo que también tiene potencial exportador.

El ingeniero Eduardo Gigante, especialista en energía, litio y petróleo, coincidió en señalar la importancia estratégica de la PIAP. Según sostuvo, la planta constituye una instalación de características excepcionales en el hemisferio sur y posee capacidades que van más allá de sus instalaciones físicas.

Para Gigante, uno de los principales riesgos es la pérdida del capital humano especializado, ya que recuperar infraestructura resulta más sencillo que reconstruir equipos profesionales formados durante décadas.

El debate por el futuro nuclear argentino

Los cuestionamientos aparecen en un contexto de discusión sobre el rumbo de la política nuclear argentina y la posibilidad de que el país profundice su dependencia de tecnologías basadas en uranio enriquecido, en lugar de continuar desarrollando la línea de reactores de uranio natural y agua pesada.

Los especialistas citados plantean que Argentina podría aprovechar sus capacidades existentes para ampliar la generación nucleoeléctrica y participar del mercado internacional asociado a los reactores de tecnología CANDU.

También destacan que el agua pesada posee aplicaciones fuera de la generación eléctrica, entre ellas investigaciones científicas y usos vinculados con sectores de alto valor agregado.

La controversia por la venta de las 3,5 toneladas volvió así a poner en el centro del debate una cuestión de fondo: qué destino tendrán las instalaciones, los profesionales y las capacidades tecnológicas que Argentina desarrolló durante décadas en torno a la producción de agua pesada y la energía nuclear.