MILEI NO LLEGA A DICIEMBRE: La economía, las tierras y un Papa que vuelve a poner al pueblo en el centro

06/10/2026.- Salta al Instante.- Por Cabecita Negra.- Foto portada: IA.
Hay momentos en los que un gobierno deja de ser juzgado por sus discursos y empieza a ser juzgado por aquello que ocurre en la vida cotidiana. Para el gobierno de Javier Milei, ese momento parece haber llegado.

El riesgo país volvió a escalar hasta 655 puntos, su nivel más alto en once meses, mientras el dólar permanece bajo presión y aparecen nuevas dudas sobre las reservas, el crecimiento y la capacidad de afrontar los compromisos financieros de 2027. El Gobierno atribuye buena parte de esas dificultades al escenario internacional, pero el dato político es imposible de ignorar: los mercados también están mirando lo que ocurre dentro de la Argentina.

Y mientras las variables financieras se deterioran, también aparecen señales de desgaste social.

Una encuesta nacional de Equipo Mide realizada entre el 18 y el 25 de septiembre, y publicada el 29 de septiembre en noticiasargentinas.com, registró que el 59% desaprueba la gestión de Milei y el 60% considera que el país marcha en la dirección equivocada. No significa que toda la sociedad rechace al Gobierno ni permite anticipar por sí sola un resultado electoral, pero sí muestra que el malestar dejó de ser una percepción aislada.

El problema no es solamente el dólar

Durante meses, el Gobierno construyó buena parte de su legitimidad alrededor de una promesa: ordenar la economía, terminar con la inflación y generar las condiciones para una recuperación sostenida.

Pero una economía no se mide únicamente por las cuentas fiscales.

También se mide por el supermercado, el alquiler, el trabajo, el consumo, las deudas familiares y la posibilidad de proyectar el futuro.

Y allí aparece una contradicción cada vez más difícil de esconder.

El Gobierno puede mostrar determinados resultados macroeconómicos y, al mismo tiempo, enfrentar una sociedad que siente que esos resultados todavía no se transformaron en bienestar cotidiano.

El riesgo país, además, agrega una paradoja: un Gobierno que hizo de la confianza de los mercados uno de los pilares de su programa enfrenta ahora un indicador financiero que vuelve a mostrar una elevada percepción de riesgo sobre la Argentina.

La extranjerización de la tierra abre otra grieta

A esa discusión económica se suma una cuestión que excede cualquier indicador financiero: qué país se quiere construir y quién tendrá derecho a controlar sus recursos estratégicos.

La reciente decisión judicial que dejó sin efecto los límites establecidos por la Ley de Tierras Rurales volvió a poner en el centro del debate la posibilidad de que tierras argentinas queden en manos extranjeras.

El artículo 154 del DNU 70 había derogado las restricciones de aquella ley, que establecía, entre otras cuestiones, un límite del 15% para la titularidad extranjera de tierras rurales. La cuestión volvió a adquirir dimensión política después del fallo de la Corte Suprema y ya genera movimientos en el Congreso para intentar revertir esa situación.

Para el oficialismo, se trata de una cuestión vinculada con la libertad económica y la eliminación de regulaciones.

Para sus críticos, en cambio, aparece una pregunta mucho más profunda:

¿Hasta dónde puede llegar la lógica de mercado cuando lo que está en discusión es el territorio?

Porque una cosa es vender una empresa, un departamento o un activo financiero. Y otra muy distinta es discutir quién puede terminar siendo dueño de grandes extensiones de la tierra argentina.

Ahí la discusión deja de ser exclusivamente económica.

Se transforma en una discusión sobre soberanía.

Y entonces aparece el Papa

En noviembre llegará a la Argentina León XIV, entre el 8 y el 11 de noviembre, con visitas previstas a Buenos Aires, Córdoba y Luján y un encuentro institucional con Javier Milei en la Casa Rosada.

La visita adquiere una dimensión política inevitable, aunque no sea una visita partidaria.

Porque la Iglesia argentina viene colocando en el centro de su discurso cuestiones como la pobreza, la unidad, la dignidad humana, la solidaridad y la necesidad de reducir la confrontación.

Y pocas imágenes pueden resultar más simbólicas que la de millones de argentinos caminando hacia Luján.

Este fin de semana, una estimación del Ministerio de Seguridad bonaerense calculó en 2,7 millones los participantes de la Peregrinación Juvenil a Luján. En la misa central, el arzobispo Jorge García Cuerva habló contra el individualismo, la intolerancia y la violencia verbal y llamó a recomponer los vínculos entre los argentinos.

Ese mensaje puede adquirir todavía mayor fuerza cuando León XIV pise suelo argentino.

No porque el Papa vaya a convertirse en un actor electoral.

Sino porque su presencia puede funcionar como un espejo.

De un lado, un Gobierno que hizo de la confrontación política una herramienta permanente y que sostiene una concepción profundamente liberal de la economía.

Del otro, una sociedad atravesada por problemas concretos y una tradición social de la Iglesia que pone el foco en la comunidad, la solidaridad y quienes quedan al margen del crecimiento.

¿Milei llega a diciembre?

La pregunta, más que pregunta,  es más una advertencia política.

El gobibierno y el Presidente han tomado un rumbo que desde el 2023 va en cotra del pueblo, y de la Patria y a favor de los mercados, que en estas últimas semanas los han abandonado.

Hoy, el Gobierno continúa negociando con gobernadores, buscando acuerdos legislativos y preparando su agenda política para los próximos meses. Pero tampoco sería serio ignorar tantas señales de tensión.

Riesgo país elevado.

Dólar bajo presión.

Menor ritmo de crecimiento.

Dificultades para acumular reservas.

Malestar social.

Mayor cuestionamiento al rumbo económico.

Una discusión cada vez más fuerte alrededor de la propiedad extranjera de las tierras.

Y, en el horizonte inmediato, la llegada de un Papa que probablemente vuelva a hablar de aquello que la discusión económica muchas veces deja afuera: la persona, la comunidad y el tejido social.

El problema para Milei, entonces, no es solamente cuánto vale el dólar mañana.

Es si su proyecto político puede sostenerse cuando una parte creciente de la sociedad siente que el costo del ajuste lo está pagando ella mientras las promesas de prosperidad quedan todavía demasiado lejos.

La Argentina vuelve a encontrarse ante una discusión mucho más profunda que la de un tipo de cambio o un índice financiero.

La discusión es qué país quiere ser.

Y noviembre puede convertirse en una fecha particularmente significativa para esa conversación: un Gobierno que defiende una transformación económica radical, una sociedad que expresa crecientes niveles de malestar y la llegada de un Papa que pondrá nuevamente en escena la idea de que una nación no está formada solamente por mercados, balances y estadísticas, sino también por personas.

Quizás por eso la pregunta más importante no sea si Milei llega o no a diciembre.

La pregunta es ¿con qué Argentina llegará el Gobierno a diciembre?, sobre todo cuando el presidente desde el incio de su gestión se ha comportado como el capitán del Titanic, pidiendo que aumenten la velocidad, para embestir el iceberg.