La inflación no baja y septiembre enciende las alarmas

12/10/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
La inflación de septiembre habría rondado el 2%, según las estimaciones privadas, mientras las proyecciones anticipan otro mes con aumentos similares. Con los alimentos y las tarifas bajo presión, el programa económico de Javier Milei enfrenta un desafío que sigue golpeando el poder adquisitivo y profundiza la preocupación por el empleo y los ingresos.

La inflación vuelve a complicar el panorama económico del gobierno de Javier Milei. Las estimaciones privadas ubican la suba de precios de septiembre entre el 1,9% y el 2,1%, un resultado que marcaría una aceleración respecto de agosto y pondría nuevamente en discusión la capacidad del programa económico para contener el costo de vida. El dato oficial del Índice de Precios al Consumidor (IPC) debía ser publicado por el INDEC el martes siguiente a la difusión de estas proyecciones.

Las cifras preliminares muestran que la desaceleración de los precios todavía está lejos de traducirse en un alivio contundente para los hogares. Mientras el Gobierno sostiene su estrategia económica, las familias continúan enfrentando aumentos en productos esenciales y servicios que absorben una parte cada vez más importante de sus ingresos.

Tarifas y alimentos, en el centro de la presión inflacionaria

Las mediciones privadas reflejaron diferencias moderadas, pero coincidieron en señalar que los precios volvieron a acelerar su marcha. La Ciudad de Buenos Aires registró una inflación del 1,8% en septiembre, frente al 1,7% de agosto, con los ajustes de los servicios públicos entre los principales factores de incidencia.

Por su parte, Equilibra y Orlando Ferreres y Asociados estimaron una suba del 2,1%, mientras que Management & Fit y FIEL calcularon un incremento del 1,9%. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central se ubicó en el 1,9% para el mismo período.

El problema es que los aumentos no se limitan a una estadística mensual. Las tarifas de los servicios públicos y los alimentos mantienen presión sobre el presupuesto familiar, en un escenario en el que los ingresos deben competir con gastos indispensables y la recuperación del poder adquisitivo sigue siendo una preocupación central.

Las propias proyecciones ponen en duda las metas del Gobierno

Las estimaciones del mercado anticipan una inflación del 30,1% para 2026 y del 21,2% para 2027. Para el año próximo, esa última proyección equivale a un promedio mensual cercano al 1,6%, todavía un nivel significativo para una economía en la que los salarios y otros ingresos necesitan recuperar terreno.

El contraste aparece al comparar esas cifras con las previsiones del Gobierno nacional. El proyecto de Presupuesto 2027 contempla una inflación anual del 18%, por debajo de lo que proyectan los analistas privados.

La distancia entre ambas estimaciones expone una de las principales incógnitas del programa económico: si la inflación continuará bajando al ritmo esperado por la Casa Rosada o si los aumentos persistirán por encima de las metas oficiales. La diferencia no es menor, porque condiciona las expectativas de consumo, inversión y evolución de los ingresos.

El economista Juan Manuel Telechea advirtió que incluso alcanzar la meta oficial implicaría una inflación todavía elevada en comparación con los parámetros regionales. También cuestionó la distancia entre esas perspectivas y la promesa de que la inflación mensual comenzaría con cero en agosto de 2026.

Recesión, caída del consumo y salarios debilitados

La inflación no es el único frente que complica el escenario económico. La actividad también muestra señales preocupantes: el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) cayó 2,9% en julio respecto de junio, según el último dato citado en el informe, mientras las proyecciones del mercado advertían sobre la posibilidad de una recesión técnica.

La combinación de aumentos persistentes y actividad debilitada plantea un escenario difícil. Si los precios siguen avanzando mientras los ingresos pierden capacidad de compra, el consumo puede resentirse todavía más, con consecuencias para los comercios, las empresas y el empleo.

La discusión también atraviesa a sectores cercanos a las ideas económicas del Gobierno. La Fundación Mediterránea advirtió que la aceleración inflacionaria erosiona el poder adquisitivo, distorsiona los precios relativos y aumenta la incertidumbre para las decisiones de consumo e inversión.

El debate pasa por determinar si corresponde impulsar medidas que reactiven la actividad, aun cuando eso implique flexibilizar las metas de inflación, o sostener el rumbo actual. Por ahora, las proyecciones disponibles no permiten asegurar que el Gobierno consiga una reducción sostenida de los aumentos sin mayores costos sobre la economía real.

Octubre arranca con nuevas señales de alerta

Las primeras estimaciones de octubre tampoco anticipan un cambio significativo. Analytica proyectó una inflación del 2% para el mes, mientras los alimentos y las bebidas sin alcohol registraron una suba del 0,8% al comienzo del período analizado.

Dentro de ese rubro, los vegetales mostraron aumentos de hasta el 12%, uno de los factores que explicaron el movimiento reciente de los precios. Aunque estos datos iniciales no determinan por sí solos el resultado mensual, refuerzan la preocupación por la persistencia de los aumentos en productos de consumo cotidiano.

La evolución del petróleo y la energía también representa un riesgo para los costos de las empresas, que podrían trasladarse a los precios finales si las condiciones del mercado lo permiten. El impacto dependerá de la magnitud de esos movimientos y de la capacidad de los consumidores para convalidar nuevos incrementos.

El empleo y la dificultad para llegar a fin de mes, las mayores preocupaciones

La situación social agrega otra señal de alarma para el Gobierno. Una encuesta realizada en septiembre por Management & Fit ubicó a la desocupación como el principal problema del país para el 19,8% de los consultados, frente al 17,6% registrado en julio.

En cambio, la preocupación por los precios y las tarifas descendió del 22,4% al 18,9% durante ese período. La variación no significa que los aumentos hayan dejado de afectar a la población: muestra que otras inquietudes, especialmente las vinculadas con el empleo, ganaron terreno en la percepción social.

Cuando se preguntó por los problemas personales, la dificultad para llegar a fin de mes encabezó las respuestas, con el 22%. Los bajos ingresos ocuparon el segundo lugar, con el 17,2%, seguidos por la inseguridad, con el 14%, y el endeudamiento personal o familiar, con el 10,4%.

Los datos describen una preocupación que va más allá del índice mensual. Para millones de hogares, el problema no consiste solamente en cuánto aumentan los precios, sino en si el sueldo alcanza, si el empleo está asegurado y si existe margen para afrontar los gastos básicos.

Con las proyecciones de septiembre cerca del 2% y octubre encaminado hacia un nivel similar, el desafío para Javier Milei sigue abierto. La desaceleración inflacionaria que busca el Gobierno todavía debe demostrar que puede sostenerse sin profundizar el deterioro del consumo, los ingresos y las expectativas laborales.