A cuatro años del atentado a CFK, el PJ pidió “Nunca más”

01/09/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: El momento en que el arma apunta directamente a la cabeza de Cristins Fernández de Kirchner, un atentado que no ha llegado a los autores intelectuales, que siguen enquistados en el poder. Imagen: Archivo.
A cuatro años del intento de asesinato contra Cristina Fernández de Kirchner, ocurrido el 1° de septiembre de 2022, el Partido Justicialista y otros espacios del campo nacional y popular difundieron un documento en el que reclamaron poner un límite a la violencia política y a la deshumanización del adversario.

Bajo el título “La democracia no admite la eliminación del adversario”, el texto fue firmado por 22 partidos políticos de alcance nacional. Sus autores advirtieron sobre el deterioro de la convivencia democrática y señalaron como factores de preocupación a los discursos de odio, las campañas de estigmatización, las fake news, la desinformación y el lawfare.

El documento toma como punto de partida aquella noche de septiembre de 2022, cuando Fernando Sabag Montiel apuntó un arma contra la entonces vicepresidenta y gatilló a centímetros de su rostro. Para los firmantes, el episodio no debería analizarse únicamente como un hecho aislado, sino también en relación con el clima político y comunicacional que lo precedió.

El límite que, según el documento, no debe cruzarse

Uno de los principales planteos de la declaración apunta a la transformación del adversario político en un enemigo. Los partidos sostienen que cuando la estigmatización, el insulto y la deshumanización se vuelven parte cotidiana de la discusión pública, la democracia comienza a deteriorarse.

El documento también cuestiona las prácticas identificadas como lawfare, a las que describe como la utilización articulada de herramientas judiciales, políticas y comunicacionales para perseguir o excluir dirigentes de la competencia democrática.

En esa línea, los firmantes advierten que la combinación entre operaciones mediáticas, campañas digitales, noticias falsas y hostigamiento puede generar un escenario en el que situaciones que deberían resultar inadmisibles terminen naturalizándose.

La declaración establece así una frontera que, según los partidos que la suscribieron, ninguna democracia debería atravesar: la eliminación simbólica de un adversario no puede convertirse en la antesala de su eliminación física.

Una advertencia que apunta al conjunto de la política

Los dirigentes que suscribieron el documento sostienen que el aniversario del atentado no interpela solamente al peronismo ni a quienes respaldan políticamente a Cristina Kirchner. Consideran que el episodio plantea una discusión que alcanza al conjunto del sistema democrático argentino.

El mensaje propone que las diferencias políticas sean procesadas mediante ideas, argumentos, organización, instituciones y votos. Al mismo tiempo, reivindica el conflicto político como una característica propia de la democracia, pero establece como límite la violencia y la deshumanización.

El documento resume su principal reclamo en una consigna contundente: “Nunca más la eliminación del adversario. Nunca más la violencia política”.

El recuerdo del golpe de 1976

La declaración también vincula la reflexión con el aniversario número 50 del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Los firmantes aclaran que no buscan establecer equivalencias directas entre contextos históricos diferentes, pero sostienen que la historia argentina dejó una enseñanza sobre los riesgos de construir proyectos políticos a partir de la eliminación del que piensa distinto.

En ese marco, recuerdan los crímenes cometidos durante la última dictadura y reivindican la recuperación democrática de 1983 como el momento en que las diferencias políticas volvieron a encauzarse institucionalmente.

El documento cuestiona además las nuevas formas de hostigamiento político, que —según sus autores— pueden manifestarse actualmente a través de campañas digitales, noticias falsas, operaciones comunicacionales, persecuciones judiciales o discursos de odio.

El mensaje político detrás del “Nunca más”

Los firmantes plantean que defender la democracia no significa eliminar el conflicto. Por el contrario, reivindican la discusión, la confrontación de intereses y la disputa electoral como componentes necesarios de una sociedad democrática.

El punto central, sostienen, es reconocer la legitimidad del adversario político, incluso cuando las diferencias sean profundas. Ganar o perder una elección, señala el documento, no debería habilitar la persecución ni convertir al rival en alguien cuya existencia política deba ser eliminada.

Al cumplirse cuatro años del atentado, los espacios políticos que participaron de la declaración enviaron además un mensaje de solidaridad a Cristina Fernández de Kirchner y reafirmaron su compromiso con el ejercicio de la política como herramienta de transformación social.

El cierre resume el espíritu de la declaración: defender la palabra frente a la violencia, la verdad frente a la mentira organizada, el debate frente a la estigmatización y la participación frente a la antipolítica.

Entre los espacios y dirigentes que figuran como firmantes aparecen el Partido Justicialista, Frente Renovador, Encuentro Republicano Federal, Nuevo Encuentro, Principios y Valores, Patria Grande, Frente Amplio por la Democracia, Kolina, Partido Solidario, Unidad Popular, Partido Comunista y Libres del Sur, entre otros.

La carta completa que publicaron el PJ y otros partidos por los cuatro años del intento de magnicidio de CFK

A cuatro años del atentado contra la vida de Cristina Fernández de Kirchner, ocurrido el 1° de septiembre de 2022 mientras ejercía la Vicepresidencia de la Nación, creemos necesario volver a reflexionar sobre las condiciones políticas, culturales y comunicacionales que hicieron posible que un arma cargada fuera gatillada a centímetros de su rostro.

Aquel hecho no puede ser reducido a un episodio aislado ni desvinculado del clima político que lo precedió.

Durante años, la Argentina asistió a la instalación sistemática de discursos de odio, campañas de estigmatización, noticias falsas —fake news—, operaciones de desinformación y distintas formas de violencia política dirigidas contra quienes participan de la vida pública y, de manera particularmente intensa, contra Cristina Fernández de Kirchner.

La llamada “antipolítica” no es solamente el rechazo espontáneo de una parte de la sociedad hacia sus representantes. También ha sido construida y alimentada como un sentido común por sectores del poder económico concentrado y amplificada a través de medios de comunicación, redes sociales, plataformas digitales y nuevos dispositivos de producción y circulación de contenidos.

Cuando la política es presentada sistemáticamente como corrupción; cuando el dirigente político es convertido en enemigo; cuando la militancia es ridiculizada o criminalizada; cuando la mentira se reproduce hasta adquirir apariencia de verdad; cuando el insulto reemplaza al argumento y la deshumanización del adversario se vuelve cotidiana, la democracia comienza a deteriorarse.

En ese contexto deben analizarse también las prácticas conocidas como lawfare: la utilización de mecanismos judiciales, políticos y comunicacionales para perseguir, disciplinar o excluir dirigentes de la competencia democrática.

La articulación entre persecución judicial, operaciones mediáticas, noticias falsas y hostigamiento en redes puede construir un sentido común en el cual aquello que debería resultar inadmisible comienza a naturalizarse.

Y existe una frontera que ninguna democracia puede permitirse cruzar: cuando la eliminación simbólica del adversario abre paso a la posibilidad de su eliminación física.

El atentado

El 1° de septiembre de 2022 la Argentina estuvo a centímetros de atravesar definitivamente esa frontera.

Un hombre apuntó un arma contra la cabeza de la entonces Vicepresidenta de la Nación y gatilló.

Ese instante debería permanecer en nuestra memoria democrática no solamente por lo que ocurrió, sino también por lo que pudo haber ocurrido.

Por eso consideramos que este aniversario no interpela exclusivamente al peronismo ni a quienes acompañan políticamente a Cristina Fernández de Kirchner.

Interpela al conjunto del sistema democrático argentino.

Los partidos políticos, cualquiera sea su identidad ideológica, deberían ser capaces de establecer un acuerdo elemental: en democracia, al adversario se lo enfrenta con ideas, argumentos, organización política y votos.

Nunca se lo persigue hasta convertir el ejercicio de la política en un riesgo para su libertad, su integridad o su vida.

A 50 años del golpe de Estado

Esta reflexión adquiere una significación todavía mayor cuando la Argentina transita los 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

Sabemos que se trata de contextos históricos profundamente diferentes y que no corresponde establecer equivalencias simplificadoras.

Pero nuestra historia debería habernos dejado un aprendizaje definitivo: ningún proyecto de país puede construirse sobre la eliminación del que piensa distinto.

Hace cincuenta años, el terrorismo de Estado secuestró, torturó, asesinó y desapareció a miles de argentinos y argentinas.

La democracia recuperada en 1983 estableció otra regla para nuestra convivencia: las diferencias políticas se tramitan dentro de las instituciones, mediante la palabra, la participación popular y el voto.

Por eso resulta alarmante que, medio siglo después del golpe, todavía existan sectores que conciban al adversario político como alguien a quien hay que destruir, silenciar o expulsar de la vida pública.

Las herramientas pueden cambiar.

El hostigamiento puede expresarse hoy mediante campañas digitales, noticias falsas, operaciones comunicacionales, persecuciones judiciales o discursos que promueven el odio.

Pero existe un límite democrático que debemos defender colectivamente: nadie debe ser perseguido, amenazado ni violentado por sus ideas políticas.

La legitimidad del adversario

Defender ese límite no significa reclamar una política sin conflicto.

La política es discusión.

Es confrontación de intereses, proyectos, valores e ideas.

Es pasión, identidad y disputa por el rumbo de una sociedad.

Pretender eliminar esas diferencias sería negar la propia democracia.

Lo que debemos recuperar es algo distinto: la legitimidad del adversario.

Poder discutir profundamente sin negar el derecho del otro a existir políticamente.

Poder confrontar sin deshumanizar.

Poder ganar y perder elecciones sabiendo que ninguna derrota habilita la persecución y ninguna diferencia justifica la violencia.

El compromiso

Quienes firmamos esta declaración hacemos llegar a Cristina Fernández de Kirchner nuestro abrazo y nuestra solidaridad al cumplirse un nuevo aniversario de aquel 1° de septiembre.

Pero, fundamentalmente, asumimos el compromiso de reivindicar el ejercicio de la política.

De defender la palabra frente a la violencia.

La verdad frente a la mentira organizada.

El debate frente a la estigmatización.

La participación frente a la antipolítica.

Y a trabajar para que la discusión, el intercambio de ideas y la confrontación democrática vuelvan a ser reconocidos como lo que nunca debieron dejar de ser: un ejercicio noble, indispensable y profundamente democrático.

Nunca más la eliminación del adversario.

Nunca más la violencia política.

Más democracia. Más participación. Más política.