03/03/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Milei y el ANSES. Imagen: Web.
*Mientras el Gobierno de Javier Milei insiste en vender la ilusión de una “recuperación económica”, los datos reales cuentan otra historia y arman un escándalo social que estalla en la cara del oficialismo: la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) dejó de pagar más de 211.000 asignaciones por hijo en el último año, en medio de una caída del empleo registrado que se traspasa a la red de protección social sin cortapisas.
Los números hablan de una contracción brutal: entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025 el total de beneficiarios de asignaciones por hijo cayó en 211.374 personas, una señal de alarma sobre el retroceso de un sistema que durante décadas fue sostén de millones de familias. Las cifras oficiales muestran que las prestaciones por hijo para trabajadores registrados descendieron de 3.694.373 pagos a 3.550.707, una caída que no puede separarse de la pérdida de empleos formales registrada en el mismo período.
La baja no se limitó a un segmento aislado: también se redujeron los beneficios para hijos de jubilados y pensionados en 43.156 prestaciones y la Asignación Universal por Hijo (AUH) —una de las principales protecciones para hogares sin empleo formal— perdió 24.552 beneficiarios, según el relevamiento.
Para quienes venían celebrando el ajuste como una “cura de shock”, estos datos reavivan denuncias de que la gestión libertaria está aprovechando la crisis para desmantelar el sistema de protección social. La caída masiva en la cobertura de asignaciones por hijo no se explica sólo por meros traslados burocráticos: es el resultado tangible de la contracción del empleo formal que deja a miles de niños y adolescentes fuera de un derecho básico.
El Gobierno intentó amortiguar el impacto con aumentos nominales —en marzo de 2026 la AUH se actualizó y alcanzará $132.814 según las nuevas escalas publicadas—, pero esas cifras de bolsillo contrastan con la realidad de millones de familias que directamente dejaron de cobrar la prestación.
La caída de las asignaciones por hijo se da en paralelo a otras señales de fragilidad del sistema previsional: también se observa una caída de beneficios para empleados formales y jubilados, y aunque ANSES totaliza 9,4 millones de personas bajo el régimen de asignaciones familiares, la erupción de desempleo formal y la exclusión de cientos de miles de beneficiarios muestran la grieta entre la narrativa oficial y la experiencia cotidiana de los sectores populares.
Adentrándose en el terreno político, esta merma de prestaciones se inscribe en un contexto donde el oficialismo impulsó reformas presupuestarias que buscan redefinir, y en muchos casos reducir, la actualización automática de las asignaciones familiares, provocando tensiones internas y externas con sectores sociales y opositores que acusan al Ejecutivo de utilizar la crisis como excusa para avanzar con recortes estructurales.
El efecto es inmediato y doloroso: miles de familias que antes dependían de la asignación por hijo para complementar su ingreso ahora quedan sin ese sostén, mientras el Gobierno sigue defendiendo sus anuncios de crecimiento y ajuste. Esta contradicción entre números fríos y realidades calientes revela una tensión que puede reeditarse con fuerza en el terreno político y social en los meses próximos.
La historia real de las asignaciones por hijo en la Argentina ya no es sólo un dato técnico de Anses: es un termómetro de la crisis social que atraviesa el país y un indicador de la eficacia —o de la ausencia de ella— de las políticas públicas en tiempos de turbulencia económica y ajuste sostenido.







