09/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
Un viejo principio de política vial —y de seguridad pública— está siendo puesto en cuestión en Salta: la Ley de Tolerancia Cero al alcohol al volante, norma que rige desde 2014 y prohíbe conducir con cualquier graduación de alcohol en sangre, hoy está bajo la lupa de sectores empresariales y legisladores que plantean modificarla para permitir hasta 0,5 gramos por litro de sangre. La iniciativa desató una tempestad de críticas sociales y comunitarias, y reavivó un debate que toca la vida cotidiana y las muertes evitables en las rutas provinciales.
La propuesta, impulsada por los legisladores Patricio Peñalba Arias, Fabio Enrique López y Héctor Raúl Vargas, busca reformar la Ley Provincial 7846 para reemplazar el régimen de tolerancia cero por un esquema escalonado de sanciones según niveles de alcoholemia. Bajo ese nuevo marco, quienes conduzcan con entre 0,5 y 1 gramo de alcohol en sangre enfrentarían multas, retención de licencia e inhabilitaciones que van de seis meses a un año, mientras que quienes excedan el umbral enfrentarían sanciones más severas.
Según los promotores, el cambio no busca “relajar” la norma sino adecuarla a parámetros internacionales y mitigar lo que ellos ven como efectos negativos de la prohibición absoluta en sectores como la gastronomía, turismo y vitivinicultura – cuya actividad económica, argumentan empresarios, se vería afectada por la vigencia de tolerancia cero.
Pero la otra cara de la moneda fue recogida de inmediato por familiares de víctimas de siniestros viales y organizaciones de seguridad vial. Para ellos, la ley vigente “nació de la tragedia, no de una imposición quirúrgica del Estado”, como señaló Raúl Córdoba, padre de un joven fallecido en un accidente de tránsito, recordando que una prohibición absoluta busca salvar vidas inocentes y que cualquier retroceso legislativo significaría un debilitamiento de esa promesa.
En el centro del debate se encuentra también el contexto nacional: en Argentina la norma de alcohol cero está contemplada en la Ley de Alcohol Cero al volante, aprobada a nivel federal, que combina políticas de seguridad vial con la perspectiva de reducir siniestros mortales, dado que el alcohol está presente en una proporción significativa de accidentes graves.
La discusión se da a la par de un panorama en el que las calles y rutas siguen registrando conductores con altísimas graduaciones de alcohol en sangre, algunos cercanos a casi 3 gramos por litro detectados en recientes controles viales en Salta, según autoridades de tránsito, que advierten que aunque sea “poco”, el alcohol mata.
Más allá de tecnicismos, la encrucijada parece traducirse en una decisión de fondo sobre qué prioriza la provincia: ¿la defensa de actividades económicas a costa de flexibilizar una política de seguridad que, para muchos, fue clave en la reducción de siniestros? ¿O la continuidad de una normativa que busca erradicar la mezcla letal de alcohol y conducción, incluso si eso significa tensión entre sectores productivos y compromisos sanitarios y sociales?
El debate —que ya se extendió en otros ámbitos provinciales y nacionales— promete ser una pulseada política y cultural sobre cómo se valora la seguridad de quienes transitan las rutas, frente a presiones por “adaptar” la ley a otras necesidades.







