ALQUILERES POR LAS NUBES: 4 de cada 10 jóvenes siguen atrapados en la casa familiar

26/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
Argentina atraviesa una doble trampa económica que está dejando sin alas a toda una generación. Mientras los alquileres se disparan a niveles que absorben buena parte de los ingresos, los salarios jóvenes se mantienen por el piso, empujando a casi 4 de cada 10 personas de entre 25 y 35 años a no poder independizarse y condenar su vida adulta a la casa de sus padres o abuelos. La proporción alcanzó un brutal 39 % a nivel nacional, equivalente a alrededor de 1,8 millones de jóvenes que no pueden pegar el salto a una vivienda propia o alquilada por sus propios medios.

Ese dato no es un mero número: es el reflejo de una economía desbalanceada y una política pública ausente. La combinación de empleos precarios, alta informalidad y salarios que no alcanzan a cubrir ni siquiera los costos básicos de subsistencia ha convertido la emancipación en un lujo fuera de alcance. Los jóvenes argentinos ganan, en promedio, un 10 % menos que el conjunto de la población económicamente activa, y cuando intentan pagar un alquiler, deben destinar más de la mitad de sus ingresos solo para tener un techo.

El impacto no es uniforme en todo el país: las provincias del Norte Grande y el Gran Buenos Aires exhiben las peores tasas de no emancipación, con lugares como Salta por encima de 60 %, muy por encima del promedio nacional.

Los alquileres, por su parte, han aumentado por encima de la inflación general del país, duplicando el ritmo de suba de los precios oficiales y empujando al límite a quienes intentan pagar un monoambiente o un departamento compartido. En ese contexto, la emancipación ya no aparece como una etapa natural de la vida adulta, sino como un espejismo económico que se aleja cada vez más con cada ajuste de precios.

La consecuencia es tangible: hay millones de jóvenes atrapados en una relación de dependencia económica y social, mientras la ecuación salarial–alquileres sigue sin equilibrio. No se trata solo de una cuestión demográfica o cultural: es un síntoma estructural de un modelo que no garantiza el derecho básico a una vivienda digna ni un ingreso que permita construir un proyecto de vida independiente.