02/03/2026.- Salta al Instante.- Jesús Castillo.- Foto portada: Supermercado en Salta.
En Salta, como en gran parte de la Argentina, el consumo en supermercados no solo dejó de crecer: retrocedió desde la asunción del gobierno de Javier Milei el 10 de diciembre de 2023, mostrando los efectos más dramáticos de una política económica que prometió libertad y prosperidad y ha entregado contracción del poder de compra popular y caída sostenida en las ventas minoristas.
Un reciente informe económico basado en datos oficiales y provinciales señaló que las ventas reales acumuladas del año en supermercados en Salta cayeron un 2,5 % con respecto a 2024, un dato que contrasta con el optimismo oficialista sobre la recuperación del consumo a nivel nacional, y que marca una tendencia persistente de retracción en el interior productivo del país.
Según esos análisis, esta caída se produce en un contexto donde buena parte del consumo se ha desplomado en los mayores centros urbanos y se profundiza la vulnerabilidad de sectores populares y clase media frente al incremento de precios y la pérdida de poder adquisitivo. En Salta, la contracción acumulada no solo implica menos compras, sino menos ingresos para miles de comerciantes y empleos vinculados al abastecimiento cotidiano.
Los números de la provincia se inscriben en una tendencia nacional de deterioro del consumo masivo sostenida desde meses antes y durante la gestión de Milei. Informes de consultoras privadas mostraron que el consumo masivo en grandes supermercados cayó más de un 7 % en algunos meses, encadenando largas series de retrocesos interanuales que indican que las familias argentinas no han recuperado su capacidad de compra frente a la inflación persistente y la pérdida de empleo formal.
A nivel nacional, el propio Indec y consultoras privadas registraron que el consumo masivo volvió a retroceder en enero de 2026, con una caída interanual de 1,1 %, con desplomes más marcados en supermercados y otros canales tradicionales de venta.
Los críticos del Gobierno advierten que, más allá de las cifras aisladas, esta caída del consumo no es un fenómeno temporal, sino el resultado acumulado de medidas macroeconómicas que han empujado a las familias a restringir sus compras, a endeudarse para lo básico y a priorizar gastos no negociables frente a una inflación que, aunque reducida en términos oficiales, sigue erosionando los ingresos.
El paisaje económico es todavía más preocupante si se observa que sectores que tradicionalmente impulsan la demanda interna, como la industria y la construcción, también han registrado caídas significativas en producción y empleo bajo el modelo de ajuste fiscal y desregulación promovido por la Casa Rosada.
En este marco, la caída del consumo en supermercados —ese termómetro inmediato del pulso económico cotidiano de las familias— no aparece como un dato aislado, sino como parte de la arista más visible de un deterioro de los mercados internos que contrasta con los discursos oficiales sobre crecimiento o recuperación.
Mientras tanto, miles de salteños ven cómo la canasta básica se encarece y cómo la capacidad de compra de sus ingresos se achica, llevando la discusión económica hasta lo cotidiano: qué se deja de comprar y qué se prioriza cuando el bolsillo ya no alcanza. La crisis del consumo, así, se convierte en una señal más de los efectos materiales de lo que fue prometido como una economía “liberada” y termina siendo una experiencia de contracción sostenida para amplios sectores de la sociedad.







