28/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Sharlote Plaza. Imagen: Gentileza.
Lo que debió ser otro fin de semana en la pequeña localidad jujeña de Calilegua —un pueblo de las Yungas que lucha por mantenerse vivo entre bosques y caminos de tierra— se transformó en una crónica de miedo y violencia que sacude a toda Argentina: una referente trans local fue apuñalada en circunstancias aún inexplicables, en un hecho que activistas denuncian como crimen de odio por identidad de género.
Sharlotte Plaza, presidenta del Colectivo LGBTIQ+ Mariposa Multicolor y figura clave en la organización de marchas y encuentros por los derechos de las diversidades en la región, fue hallada con dos heridas de arma blanca en su propio domicilio durante la noche del domingo 25 de enero. La dirigenta, conocida y respetada en Calilegua, fue trasladada al hospital Óscar Orías de Libertador General San Martín, donde permanece internada con mejoría, pero en una situación que pudo costarle la vida.
Las primeras versiones policiales hablan de una agresión ocurrida en el marco de un “enfrentamiento” durante un encuentro íntimo, versión que, además de confusa, fue rápidamente cuestionada por organizaciones de derechos humanos y colectivos LGBTIQ+. En off, desde los movimientos sociales señalan que ese relato encubre un ataque con motivación transodiante que apenas si roza el reconocimiento público, reflejando cómo la violencia hacia las identidades disidentes aún no es asumida como problema estructural por la justicia ni las autoridades policiales.
Desde Pan y Rosas Jujuy y otras agrupaciones sociales no tardaron en señalar que el ataque no fue un simple hecho de violencia común, sino un intento de transfemicidio producto del odio hacia su identidad de género y su trabajo por visibilizar a la comunidad. En su comunicado, estas organizaciones remarcaron que Plaza fue una pieza central en la primera Marcha del Orgullo de Calilegua y en el primer Encuentro Plurinacional Trans de la zona, proyectos pioneros en un territorio históricamente marginado y conservador.
Mientras tanto, la causa quedó en manos de la Fiscalía de Violencia de Género y un hombre de 25 años —identificado como pareja de Plaza— fue demorado preventivamente en el marco de la investigación. A pesar del arresto, las líneas oficiales han sido escuetas y tibias, lo que agrava la sensación de impunidad que sienten las organizaciones sociales y las personas trans en todo el país.
En Calilegua, la conmoción va más allá de una noticia policial: es un golpe a toda una comunidad que venía luchando por su reconocimiento y derechos, y que ahora se pregunta si las instituciones están a la altura de responder ante hechos que para muchos constituyen un crimen de odio.
La violencia transodiante —tantas veces denunciada por activistas y organismos de derechos humanos— no es ya una abstracción ni una estadística distante de la sociedad argentina: se materializa en puñaladas como esta, en silencios oficiales, en falta de respuesta efectiva y en el retroceso cultural que tantos sectores intentan imprimir sobre los avances en derechos.
Si querés, puedo también armar una versión más amplia con contexto nacional sobre violencia transfóbica y respuesta del Estado, para profundizar en las implicancias sociales y políticas de este brutal ataque.







