03/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
En medio de un fuego cruzado creciente entre el Gobierno nacional y los sectores productivos, el ministro de Economía, Luis Caputo, encendió otra polémica con declaraciones explosivas sobre los precios de la ropa en Argentina, desatando una fuerte reacción de los fabricantes textiles.
En una entrevista radial que ya se convirtió en epicentro de debate, Caputo no se guardó nada y afirmó que “nunca compré ropa en Argentina porque es un robo”, justificando así la decisión oficial de abrir más el mercado y bajar barreras para la importación de prendas. Con un tono filoso, responsabilizó a políticas de protección anteriores y afirmó que esas medidas beneficiaron a unos pocos a costa del bolsillo de millones de argentinos.
Las críticas del ministro no quedaron en la anécdota personal: también echó dardos hacia los empresarios del sector textil, a quienes describió como parte de una industria “protegida durante años sin que esa protección se tradujera en beneficios para los consumidores”. Según Caputo, el encarecimiento de los precios no se explica por la demanda sino por un modelo político que sostuvo privilegios empresariales.
La respuesta no tardó en llegar desde la Cámara de la Indumentaria (CIAI). Su presidente, Claudio Drescher, señaló en radio que el Gobierno tiene su parte de responsabilidad en la formación de precios, especialmente por la alta tasa de interés, y que además el sector enfrenta una caída en las ventas que no se explica por una supuesta “gula de consumo” sino por la fuerte caída del poder adquisitivo de la población.
Los números duros acentúan las tensiones: las ventas del rubro fueron negativas en 2024 y, pese a un leve repunte en un bimestre de 2025, volvieron a caer, con siete de cada 10 fabricantes reportando contracción de la demanda. El sector no solo se queja por los precios y costos internos, sino también por la presión de servicios e insumos que se han disparado con el aval del propio gobierno, afectando aún más a los consumidores y a las pymes locales.
Así, lo que comenzó como una crítica puntual sobre el costo de una remera se transformó en otra grieta más entre el Gobierno y sectores productivos clave, en un contexto donde los argentinos ven cómo el consumo se desploma y la economía real no encuentra alivio.







