02/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Lo que Milei juró que no iba a pasar, pasó, el dólar ahora se ajusta por inflación. Caputo y Bausili, chocaron otra vez en la calesita. Imagen: Lenin Nolly/EFE.
Arrancó 2026 y el Gobierno ya rompió su palabra. Desde este viernes comienza a regir el nuevo sistema de bandas cambiarias ajustadas por inflación, una decisión que el oficialismo negó, descartó y ridiculizó durante meses. Lo que era “imposible”, ahora es política oficial: el dólar se mueve al ritmo de los precios.
El primer ajuste será del 2,5%, correspondiente a la inflación de noviembre, y eleva el techo del tipo de cambio mayorista a 1.563 pesos. El dato no es técnico: es la admisión explícita de un fracaso. Desde abril de 2025, el equipo económico prometía mantener el ajuste del 1% mensual. No aguantó. Cedió a la presión del FMI y de los inversores.
La verdad detrás del cambio: no hay dólares
El relato oficial habla de “previsibilidad” y “ordenamiento de expectativas”. La realidad es más cruda: el Banco Central no tiene reservas. Cada vez que el dólar chocaba contra el techo de la banda, el BCRA debía vender divisas que no tiene. El nuevo esquema busca evitar ese papelón recurrente.
En la city lo dicen sin vueltas: el tipo de cambio sigue atrasado, la salida de dólares es insostenible y el esquema solo compra tiempo. La banda deja de atrasarse, sí. Pero no recupera nada de lo que se perdió en 2025. Es un parche, no una solución.
Reservas prestadas, soberanía hipotecada
El verdadero talón de Aquiles del plan económico sigue intacto: el Central opera con reservas prestadas. La calma cambiaria no se construyó con exportaciones ni ingreso genuino de divisas, sino con adelantos extraordinarios del FMI y asistencia del Tesoro de Estados Unidos.
Hablar de comprar entre 10.000 y 17.000 millones de dólares en 2026 suena, para el mercado, a ciencia ficción. Sin capitales frescos ni repatriación masiva de ahorros, juntar la mitad ya sería un milagro.
Inflación a la baja, recesión al alza
El Gobierno festeja una inflación cercana al 2% mensual, pero el costo es evidente: recesión, salarios licuados y consumo planchado. Y el escenario se complica. En los próximos meses vienen tarifazos y subas de combustibles, que vuelven a presionar los precios.
La economía entra a 2026 partida en dos:
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ganadores: energía, agro y minería
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perdedores: industria, construcción y comercio
La causa es conocida: salarios por el piso, costos altos y avalancha importadora.
Ajuste o explosión: la trampa del programa
El dilema del Gobierno es brutal.
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Ajustar más ayuda a frenar la inflación, pero destruye actividad y empleo.
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Aflojar demasiado puede reactivar la economía, pero reabre la corrida cambiaria.
Sin reservas, cualquier error se paga caro.
Endeudamiento negado, dependencia real
Luis Caputo insiste en que no volverá a endeudarse en Wall Street. En la city nadie le cree. Lo leen como un gesto político, no como una convicción firme. La dependencia del FMI y del Tesoro norteamericano es total, y la renegociación de vencimientos seguirá marcando el pulso del año.
Blanqueo, fuga y alerta temprana
A este cóctel se suma un dato inquietante: desde el 1° de enero quedaron liberados más de 20.000 millones de dólares del blanqueo 2024. Nadie sabe cuántos se quedarán en el sistema local y cuántos saldrán disparados. Además, en 2026 se habilitará el giro de utilidades empresarias. Más presión sobre un Central frágil.
Conclusión: empieza el año, empieza el test
El debut de las bandas cambiarias ajustadas por inflación marca el inicio del año económico con una confesión implícita: el modelo no cierra sin dólar más caro.
El Gobierno arranca 2026 retrocediendo, con reservas prestadas, promesas rotas y un mercado que huele debilidad.
El veredicto no tardará: los primeros meses del año serán otro examen sin margen de error.







