CARAMELOS «NO HAY PLATA»: Remataron la fábrica por la falta de ventas

21/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Milei en Estados Unidos. Imagen: Web.
La historia del clásico caramelero que supo endulzar generaciones argentinas terminó con amargura y desguace. Los propietarios de Nacional S.A., la empresa detrás de marcas históricas de golosinas como La Campagnola y Baqelito, reconocieron con crudeza que no hay plata para sostener la producción y optaron por vender la fábrica y sus activos a un grupo empresario extranjero, según confirmaron fuentes cercanas a la operación.

La decisión de desprenderse de una planta que marcó épocas en el sector alimentario no fue producto de una transición ordenada ni de una estrategia de expansión. Fue, en términos técnicos y reales, un default productivo: incapacidad de sostener costos, caída de ventas, pérdida de mercado y ausencia de crédito financiero para mantener en marcha el corazón de una compañía que durante décadas estuvo en la mesa familiar argentina.

En un comunicado breve, los dueños admitieron que la crisis económica vigente —inflación en niveles récord, tipos de cambio disfuncionales, y costos energéticos imposibles de sostener— terminó por estrangular la operatividad. “No hay plata para seguir”, dijeron. La frase, simple y brutal, resume un fenómeno que se repite en distintas ramas de la industria nacional: empresas que fueron íconos de producción local terminan entregando sus bienes bajo presión económica.

La venta de la fábrica, ubicada en el corazón productivo de la provincia de Buenos Aires, generó alarma entre sindicatos y cámaras empresarias que advierten por la desindustrialización en curso y la merma de empleo industrial. La planta, que llegó a emplear a cientos de trabajadores con producción continua de caramelos, galletitas y dulces tradicionales, ahora cambia de manos bajo un paquete accionario cuyo destino final de inversión y preservación de puestos de trabajo aún no está claro.

La crisis de Nacional S.A. no es un hecho aislado. En los últimos años, otras emblemáticas empresas de alimentos, calzado y producción metalúrgica anunciaron cierres, quiebras o ventas ante una economía que castiga la producción con costos internos fuera de escala y una apertura importadora que incrementa la presión competitiva sobre manufacturas locales. Un caso reciente fue el de la histórica fábrica de neumáticos FATE, que atraviesa dificultades similares atribuidas —según sindicalistas y empresarios— a la integración indiscriminada de productos extranjeros y a la falta de políticas proteccionistas activas.

La venta de la planta de Nacional S.A. marca no sólo el final de un ciclo productivo, sino también la pérdida de un símbolo de la industria nacional. Bajo el argumento de “reestructuración” o “optimización de recursos”, las empresas se resignan a abandonar banderas que supieron representar identidad y arraigo productivo en las regiones donde operaban.

Trabajadores y sindicatos han expresado su desconfianza respecto al nuevo comprador, cuestionando que la operación implique despidos o recortes de producción. Las representaciones obreras advirtieron que la venta de la planta podría derivar en una pérdida de know-how y en el deterioro de las condiciones laborales de quienes históricamente sostuvieron la producción día tras día.

En un contexto donde la industria manufacturera viene retrocediendo y la producción local es sometida a tensiones competitivas, la caída de una marca histórica como Nacional S.A. expone de forma dramática los riesgos de un modelo económico que privilegia la apertura de mercados por sobre la preservación de la industria nacional. La frase admitida por los propios dueños —“no hay plata”— resuena como un epitafio de una era productiva que se desvanece.