25/02/2026.- Salta al Instante.- Por Jesús Castillo.- Foto portada: Jura de Carolina Moisés. Imagen: Prensa.
En un sacudón sin precedentes en el mapa político argentino, Carolina Moisés, la senadora jujeña díscola, se quedó con la Vicepresidencia del Senado, dejando al justicialismo tradicional en calzoncillos y sin absolutamente nada en la conducción de la Cámara alta. La jugada, tejida por Patricia Bullrich con la complicidad clínica de la Casa Rosada, rompió todos los moldes institucionales conocidos y profundizó la fractura del peronismo que ya venía más abierto que un zócalo de feria.
Moisés, histórica figura del Partido Justicialista jujeño, terminó su romance con el bloque de Unión por la Patria en un abrir y cerrar de ojos: se bajó del barco justicialista, armó un bloque propio llamado Convicción Federal y, en menos de 24 horas, subió al sillón que en democracia siempre ocupó la principal fuerza opositora.
“No nos pusimos peluca”, dijo Moisés para defender su mutación política, mientras cargaba duro contra La Cámpora y el kirchnerismo por “no dialogar y ser adoradores del fracaso”, frase que ya retumba en pasillos y mamparas de la política nacional.
La jugada fue tan burda como estratégica: Bullrich necesitaba asegurar 47 votos para sumar volumen político en el Senado y consolidar mayorías especiales, y la Vicepresidencia fue la pieza de cambio con la que le tiró el anzuelo a Moisés.
EL PERONISMO TRADICIONAL, DESNUDO EN PLENA DEMOCRACIA
Lo que pasó ayer en el Senado —una movida que puede describirse sin exagerar como golpe de timón institucional— implicó algo que no sucedía desde 1983: el bloque mayor del peronismo quedó desdibujado, sin cargos y fuera del reparto de poder parlamentario.
El jefe del bloque que quedaba tradicionalmente al frente —José Mayans— calificó de “atropello” y “falta de respeto” lo ocurrido, señalando que se hizo una lectura antojadiza del reglamento. Pero la verdad cruda es otra: el peronismo fracturado y sin sintonía interna permitió que lo desplazaran sin resistencia efectiva.
Y la fractura no es nueva: en los días previos, la reforma laboral y el malestar con la conducción kirchnerista habían precipitado salidas de figuras claves como Guillermo Andrada (Catamarca) y Sandra Mendoza (Tucumán) del bloque principal, negociando sus posiciones con gobernadores y la Casa Rosada.
SAÉNZ EN EL CENTRO DEL TERREMOTO
Entre los nombres propios que más pesaron en esta nueva geopolítica peronista se destaca el del gobernador de Salta, Gustavo Sáenz. La cercanía de Moisés con Sáenz fue una llave fundamental para que la maniobra prosperara: la nueva vicepresidenta del Senado responde políticamente al salteño, y eso fue capitalizado por Bullrich para tensar aún más la cuerda con el kirchnerismo duro del PJ.
Así, en un giro que podría ser calificado como “el renacer del peronismo federal articulado con el poder central”, Sáenz pasa de ser un gobernador provincial a una pieza clave en un esquema legislativo que podría definir leyes, cuerpos y guiones políticos nacionales.
UN MAPA POLÍTICO QUE CAMBIA DE COLOR
La jugada no solo dejó al peronismo tradicional fuera de la mesa, sino que consolidó un nuevo espacio de poder:
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Patricia Bullrich afianzó una estrategia que busca llegar a mayorías sustentables.
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Carolina Moisés, convertida en VP del Senado, se erige como una figura bisagra entre el peronismo federal y el oficialismo.
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José Mayans y el peronismo kirchnerista quedaron sin representación en la conducción de la Cámara.
Lo de ayer fue más que política: fue realpolitik cruda y desvestida, una demostración de fuerza y desinterés por las tradiciones parlamentarias. La Casa Rosada, con Milei en la presidencia, sigue reposicionando piezas para gobernar con mayor holgura, y lo que en otros años habría sido escándalo hoy fue simplemente otro capítulo brutal de la fractura peronista que nadie logra unir.







