25/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Mario Rovella, titular de la constructora Rovella Carranza. Web.
En pleno corazón del sureste de Comodoro Py, el juicio por la “Causa de los Cuadernos de las Coimas” —el megaproceso que tiene a Cristina Fernández de Kirchner como principal acusada de comandar una asociación ilícita para recaudar coimas de empresarios a cambio de obras y beneficios durante los gobiernos del kirchnerismo— vivió una explosión de escándalos y contradicciones dignas de un thriller político-judicial argentino. La jornada del martes pasado no pasó desapercibida: **uno de los arrepentidos más importantes, el empresario Mario Rovella, titular de Rovella Carranza S.A., salió a decir que su testimonio fue prestado bajo “coacción” y pidió nada menos que retirar su propia declaración como imputado colaborador.
Rovella, que había admitido haber girado “aportes” ilegales escondidos bajo eufemismos en campañas políticas, no solo alegó que su voluntad fue “doblegada” con amenazas de detención, sino que además ofreció casi medio millón de dólares como “reparación económica” a cambio de extinguir la acción penal en su contra —una jugada que sacudió las estructuras del tribunal y que amenaza con poner en jaque la solidez de las piezas más sensibles del caso. El pedido de nulidad será ahora materia de análisis serio por parte del Tribunal Oral Federal 7, que ya había reanudado las audiencias después de días de tensión.
Y si este capítulo ya parecía un embrollo, sumen más. Al inicio de la audiencia, **el exsecretario de Transporte Ricardo Jaime presentó una **recusación contra el juez Fernando Canero, lo que disparó un efecto dominó de movimientos defensivos en el estrado. La estrategia de varias defensas —en particular la de Jaime y la de otros acusados de peso— fue reclamar la nulidad del proceso entero y cuestionar la legalidad de los arrepentidos como pieza central de la acusación.
La defensa de Cristina Kirchner, encabezada por Carlos Beraldi, fue más lejos: **acusó a los operadores judiciales de “forum shopping” y puso en la mira a figuras clave como el fallecido juez Claudio Bonadio y al fiscal Carlos Stornelli, por el supuesto uso abusivo e incluso extorsivo de la figura del arrepentido —lo que abrió un nuevo flanco de debate jurídico y político dentro del debate oral.
La olla a presión de los arrepentidos
Que Rovella tire la casa por la ventana y se retracte no es un detalle menor: es el corazón de la acusación lo que ahora entra en discusión. La figura del imputado colaborador o arrepentido es justamente el mecanismo mediante el cual varios empresarios y exfuncionarios admitieron pagos ilegales, aceptaron culpabilidad y colaboraron con la causa a cambio de beneficios procesales. Esos testimonios son fundamentales para armar el entramado de presunto pago de coimas que la fiscalía adjudica a exfuncionarios como Cristina Kirchner, Julio De Vido y otros pesos pesados del kirchnerismo durante la década pasada.
Pero la ofensiva de las defensas no se detiene con Rovella. Julio De Vido —exministro de Planificación— fue citado a recordar que se encuentra absuelto por otra causa (Vialidad) y su defensa insistió en que las acusaciones de asociación ilícita no están claramente probadas más allá de los testimonios de arrepentidos. Asimismo, la defensa de Jaime denunció que algunos delitos que se le imputan estarían prescriptos y que todo el andamiaje de los cuadernos se sostiene con piezas endebles.
Repercusiones y antecedentes picantes
Este episodio reciente no es aislado. En noviembre de 2025, la propia Cristina Kirchner había denunciado que algunos imputados arrepentidos fueron “extorsionados” y hasta “torturados” para declarar en su contra, apuntando directamente contra el fiscal Stornelli y describiendo el proceso como una “opereta judicial” con métodos propios de dictaduras.
Además, no faltan escándalos alrededor de esos arrepentidos: semanas atrás, exfuncionarios como Oscar Centeno —el remisero que registró las famosas anotaciones plasmadas en los cuadernos originales y fotocopias que desataron la causa hace años— llegaron a ser denunciados por falso testimonio, y hay debates sobre si realmente existieron grabaciones o solo actas firmadas, lo que alimenta aún más las disputas técnicas sobre la validez y la credibilidad de cada declaración colaborativa.
Un juicio agrietado y una causa en disputa
La Causa Cuadernos, que arrancó en 2018 con una explosión mediática y judicial, se ha convertido más que nunca en un campo de batalla entre acusaciones de corrupción y defensas que acusan a la Justicia de abusos y coacción. Con cada arrepentido que se retracta, con cada recusación de jueces y cada planta que se mueve en Comodoro Py, la trama se vuelve más densa.
Lo que en un comienzo fue presentado como uno de los mayores juicios por corrupción de la historia reciente argentina —con fiscales que hablan de bolsos de dinero que subían helicópteros y empresarios que contaban millones en sobres— hoy se enreda en cuestiones procesales, acusaciones cruzadas sobre la legalidad de los métodos y un núcleo cada vez menos sólido a medida que algunos de los arrepentidos más poderosos cuestionan cómo fueron obtenidos sus propios testimonios.
Si la Causa Cuadernos ya era un sismo político, ahora es un terremoto que sacude las grietas mismas de la Justicia argentina.







