24/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Puente de Santa Lucía. Imagen: Web.
El puente centenario de Santa Lucía cedió, quedó clausurado y dejó al desnudo la decadencia estructural que padecen las obras públicas en la ciudad. Tras el colapso de una de sus bases el 9 de febrero, el jefe de Gabinete de la Municipalidad de Salta, Juan Manuel Chalabe, fue contundente: la vieja estructura de más de 80 años no puede repararse y será reemplazada por un puente completamente nuevo. La decisión, anunciada entre discursos oficiales y técnicos que evitan responsabilidades políticas, ya enciende polémica en una ciudad que lleva años esperando soluciones reales a sus arterias de tránsito.
El derrumbe de los pilotes no fue un accidente fortuito. Lo que se vino abajo es la expresión material de décadas de postergación: una obra “obsoleta” según los propios técnicos, sin capacidad de soportar ni siquiera el tránsito ligero. El puente —cerrado de inmediato tanto para vehículos como para peatones— expuso la fragilidad de la infraestructura salteña ante el primer signo de estrés estructural serio.
“Parches no, obra nueva”, el argumento oficial
Chalabe no se anduvo con medias tintas: descartó de plano cualquier reparación parcial y afirmó que “parchar sobre parches” sería un insulto para los salteños. Su diagnóstico fue usado como excusa para justificar una obra completamente nueva, aunque no todos en la ciudad comparten la narrativa oficial de que se trata de una solución eficiente y transparente.
El municipio ya adelantó que el nuevo puente —proyectado con más de 80 metros de extensión, cuatro carriles, espacio para bicicletas y motos, e iluminación integrada— será una estructura moderna pensada para “mejorar la conectividad” y soportar el crecimiento de los barrios del sector oeste. Pero la obra, que demanda una planificación compleja y más de un año de trabajo, no tiene aún fecha concreta de inicio ni detalles claros sobre su financiamiento y supervisión técnica.
Política, incapacidad y alerta vecinal
El derrumbe no cayó en el vacío: vecinos y sectores críticos recuerdan que la estructura ya había mostrado señales de deterioro y que obras de refuerzo realizadas años atrás no duraron ni cinco años. En 2020, trabajos destinados a reparar el puente fueron promocionados como definitivos, pero hoy sus resultados quedaron en evidencia: el tramo cedió pese a las intervenciones previas.
La clausura preventiva activó un operativo de tránsito para ordenar la circulación en las cabeceras del puente, pero muchos conductores, comerciantes y residentes de Santa Lucía señalan que la falta de planificación urbana y de obras complementarias condena al congestionamiento crónico y al deterioro de la vida diaria.
Una obra que divide expectativas
Las autoridades hablan de progreso, de obra estructural y de conectividad para más de 600.000 habitantes de la Ciudad de Salta, pero también se multiplican las voces que piden claridad, plazos definidos, transparencia en la licitación, y garantías de que la solución no será otro nuevo fracaso a mediano plazo.
Mientras tanto, el puente viejo sigue clausurado, la comunidad sigue esperando respuestas, y en Santa Lucía nadie olvida que lo que cedió no fue solo cemento y hierro, sino la paciencia y la confianza de la gente en que sus autoridades pueden —y quieren— resolver los problemas de fondo.







