04/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Represión en el Congreso. Las políticas represivas y cobardes del gobierno de Javier Milei, un libertario que solo quiere esclavos. Imagen: Web.
Una vez más, la tradicional marcha de jubilados y jubiladas frente al Congreso de la Nación terminó en una auténtica demostración de fuerza y represión por parte de las fuerzas de seguridad. Lo que debía ser una protesta pacífica terminó empapado en gases lacrimógenos, empujones, palos y varias detenciones —entre ellas la del padre Francisco “Paco” Olveira, quien horas después fue liberado— en un escenario que ya se está convirtiendo en un clásico infame de cada miércoles bajo este gobierno.
La movilización comenzó como muchas otras: jubilados dando su vuelta alrededor del edificio parlamentario, exigiendo justicia social y mejoras en sus haberes. Sin embargo, pasadas las 16, la Policía Federal y fuerzas porteñas avanzaron contra la fila de manifestantes con gases y empujones, obligándolos a retroceder y dispersarse en un operativo que muchos describieron como desmedido y brutal.
Las imágenes que circulan en las redes muestran a efectivos disparando gas pimienta contra quienes ni siquiera intentaban cortar la calle y, en medio de la confusión, oficiales empujando, golpeando y reduciendo a personas sin mediar provocación evidente. Entre los detenidos estuvo nuevamente el padre Paco Olveira, quien fue subido a un camión celular y liberado horas después tras la intervención de legisladores y organizaciones sociales.
Este nuevo capítulo de violencia no es un hecho aislado, sino la continuación de una secuencia de agresiones sistemáticas contra quienes buscan hacer oír su voz frente al poder. Las fuerzas de seguridad han sido denunciadas repetidamente por usar gases lacrimógenos, palos y detenciones arbitrarias en cada una de estas marchas semanales, generando heridos y un clima de tensión persistente en las inmediaciones del Congreso.
Mientras tanto, la protesta —que reúne no solo a jubilados, sino también a sindicatos, agrupaciones sociales y sectores críticos a las políticas laborales del Gobierno— sigue chocando con un muro de represión estatal en lugar de encontrar respuestas políticas y diálogo real.
En el centro de la escena, la presencia policial y el uso de la fuerza parecen haber reemplazado al debate democrático, transformando cada protesta pacífica en un nuevo capítulo de enfrentamientos y reclamos por derechos básicos.








