17/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
La inflación también se levanta con ladrillos. En marzo, el costo de la construcción volvió a subir y confirmó una tendencia que no afloja desde principios de año. Según el Índice del Costo de la Construcción (ICC) del INDEC, el aumento fue de 2,5% mensual y ya acumula un 6,9% en el primer trimestre en el Gran Buenos Aires. El dato no es aislado: es la expresión de una presión constante que combina salarios, tarifas y materiales en alza.
El desagregado oficial no deja margen para dudas. La mano de obra lideró el incremento con un 3,4%, seguida por materiales y gastos generales, ambos con 1,8%. Detrás de ese número aparece el acuerdo salarial firmado el 31 de marzo por la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), que incluyó una asignación no remunerativa y extraordinaria. El impacto fue directo sobre el costo laboral y, en cadena, sobre otros rubros.
El efecto no se detiene en los salarios. El propio INDEC reconoce que la suba de la mano de obra arrastra también a los gastos generales, donde figura el ítem “Sereno”, encuadrado en el mismo convenio. Es decir, los aumentos paritarios no solo encarecen el trabajo, sino que se filtran en toda la estructura de costos.
A eso se suma otro factor que no da tregua: las tarifas. El capítulo de gastos generales incorporó los nuevos valores eléctricos autorizados por el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) para Edenor y Edesur, además de actualizaciones en agua, cloacas y gas. La política de recomposición de precios regulados mete presión directa sobre el sector y eleva los costos operativos de las constructoras.
Los materiales, aunque con una suba más moderada del 1,8%, tampoco ofrecen alivio. El INDEC aclara que la selección de insumos cubre al menos el 95% del costo total de una obra, lo que convierte al índice en un reflejo fiel del encarecimiento general del sector.
El esquema productivo tampoco ayuda a amortiguar el impacto. La construcción combina trabajo propio —albañilería y hormigón— con tareas tercerizadas como yesería, pintura e instalaciones. Esa estructura compleja, atravesada por distintos niveles de contratación, amplifica cualquier variación de costos.
El resultado es un combo explosivo: costos en alza y demanda debilitada. Empresas y desarrolladores enfrentan márgenes cada vez más ajustados y mayores dificultades para sostener proyectos. El impacto no queda encerrado en la obra: se traslada al mercado inmobiliario, eleva el valor de reposición de las propiedades y condiciona nuevas inversiones.
El 2,5% de marzo no es solo un número. Es la señal de un sector que sigue encareciéndose en un contexto donde cada ajuste —salarios, tarifas, insumos— se acumula y empuja hacia arriba un costo que ya no encuentra techo.







