23/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Mauricio Macri en la causa Correo Argentino. Web.
Mauricio Macri volvió a mover las piezas judiciales en un expediente que lo persigue desde hace más de dos décadas, y lo hizo con una maniobra que pone en evidencia una estrategia de dilación, negociación y posible impunidad para la familia que controla Correo Argentino, la firma que arrastra una deuda multimillonaria con el Estado desde 2001.
En diciembre pasado, los abogados de Macri realizaron un movimiento inesperado: desistieron de las recusaciones que ellos mismos habían presentado años atrás contra la jueza Marta Cirulli y la fiscala Gabriela Boquín, dos figuras judiciales clave que frenaron intentos de condonar la deuda y avanzaron en la quiebra de la empresa. Esa retirada hace que el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) porteño —un ámbito mucho más favorable a los intereses del ex presidente— tenga ahora la llave del expediente.
La jugada tiene todos los ingredientes de un armado político y jurídico: durmieron las causas, cajonearon decisiones durante años y ahora liberan una traba que ellos mismos impusieron, justo cuando se podría decidir si Correo Argentino debe pagar lo que debe. Lo curioso —y lo que despierta suspicacias— es que el desistimiento de las recusaciones no viene acompañado de explicaciones transparentes, lo que abre la puerta a sospechas de acuerdos oscuros con el Gobierno o aprovechamiento de cambios regulatorios recientes en tasas de interés que benefician a las grandes deudores como los Macri.
La causa Correo Argentino no es menor: desde hace años el Estado reclama a la firma y a sus controlantes casi 300 millones de dólares en concepto de canon impago por la concesión del servicio postal. La deuda se arrastra desde el 2001 y ha sido el centro de múltiples recursos, apelaciones y maniobras judiciales para evitar su pago íntegro.
En paralelo, los Macri avanzan también en cauces inversos donde reclaman al Estado miles de millones por la quita de la concesión, transformando un juicio que debería dirimirse sobre una deuda histórica en una telaraña de causas cruzadas en las que el holding familiar y el propio ex presidente parecen jugar con ventaja.
El movimiento de fin de año —desistir de las recusaciones que bloqueaban el avance de la quiebra— se produce en un contexto en que el TSJ porteño nunca resolvió esas recusaciones, lo que mantuvo paralizado el trámite principal durante años. Con la retirada, ahora el expediente queda en manos de un tribunal más afín al establishment bonaerense, un terreno donde los Macri tienen más influencias y posibilidades de torcer resultados a su favor.
Este nuevo giro en la eterna causa Correo Argentino vuelve a poner sobre la mesa la relación simbiótica entre el poder económico de una familia, la política y el entramado judicial argentino, y reaviva un escándalo histórico en el que el gran perdedor sigue siendo el Estado y los contribuyentes que nunca vieron pagada la multimillonaria deuda que Macri y su entorno buscaron, durante años, licuar, negociar o directamente eludir.







