13/03/2026.- Salta al Instante.-Foto portada: Reunión de trabajadores. Imagen: Web.
En Corrientes, la crisis laboral dejó de ser una advertencia para convertirse en un hecho concreto: fábricas en problemas, salarios recortados y trabajadores que salen a la ruta para defender lo poco que queda. Dos conflictos que sacuden a la provincia —uno en Gobernador Virasoro y otro en Goya— expusieron con crudeza cómo el modelo económico del presidente Javier Milei impacta en la industria regional y cómo el poder político local, encabezado por Gustavo Valdés y su sucesor Juan Pablo Valdés, queda señalado por su rol en medio del derrumbe laboral.
El caso más explosivo se vive en Virasoro, donde los trabajadores de la forestal Tapebicuá retomaron el plan de lucha con manifestaciones y cortes parciales sobre la Ruta Nacional 14, uno de los corredores clave del Mercosur. La escena es el retrato de una provincia en tensión: operarios protestando al borde del asfalto mientras el futuro de la planta sigue en el aire.
El conflicto no empezó ayer. La empresa solicitó un concurso preventivo de acreedores para evitar la quiebra, y desde entonces más de 520 trabajadores viven en una incertidumbre permanente sobre si tendrán empleo al mes siguiente. La situación salarial refleja el deterioro: durante los últimos meses la empresa pagó apenas el 60 por ciento de los sueldos de enero, febrero y marzo, mientras el aguinaldo del segundo semestre de 2025 se abonó en cuotas.
El deterioro no termina ahí. Parte del personal incluso perdió la cobertura médica, un golpe brutal para trabajadores que necesitan tratamientos o controles permanentes. Mientras tanto, el acuerdo de suspensiones firmado por tres meses ya venció y la empresa no presentó ninguna propuesta concreta para garantizar la continuidad laboral.
Pero el drama no se limita a Virasoro. En Goya, la crisis también golpea con fuerza en la textil Emilio Alal, donde el conflicto por despidos y suspensiones mantiene en vilo a cientos de trabajadores. El sector textil viene siendo uno de los más castigados por la caída del consumo y la apertura de importaciones, una combinación que dejó a varias fábricas al borde del cierre.
Entre ambos conflictos, casi 800 familias correntinas dependen de lo que ocurra con esas empresas. El número da dimensión al problema: no se trata de un conflicto sectorial ni de una fábrica aislada. Es una crisis laboral que atraviesa a toda una región productiva.
El trasfondo político tampoco pasa desapercibido. Mientras los trabajadores protestan y las empresas entran en crisis, el gobierno provincial aparece alineado con las reformas impulsadas por Javier Milei, especialmente en materia laboral y económica. Ese respaldo es lo que varios sectores sindicales y sociales señalan como la “complicidad” del poder político correntino frente al deterioro del empleo.
La postal final es tan clara como inquietante: rutas cortadas, sueldos pagados a medias, empresas al borde de la quiebra y trabajadores que salen a pelear por lo básico. En Corrientes, el modelo económico ya no se discute en conferencias ni en debates televisivos. Se discute en la ruta, en las fábricas y en las casas de cientos de familias que no saben si el próximo mes tendrán trabajo.







