CRÉDITOS PARA POCOS, AJUSTE PARA TODOS: El Banco Nación se blinda mientras crece el escándalo de los “préstamos casta”

13/04/2026.- Salta al Instante.-Foto portada: Ilustrativa. Web.
En medio de denuncias que empiezan a perforar el relato oficial, el Banco Nación salió a atrincherarse detrás de sus propios reglamentos. Un comunicado apurado, publicado en domingo, intentó desactivar las sospechas por supuestos créditos millonarios otorgados a funcionarios, legisladores y militantes de La Libertad Avanza. Pero lejos de apagar el fuego, lo alimentó.

La entidad aseguró que no modificó los criterios de elegibilidad para la línea +Hogares con BNA. La defensa, sin embargo, suena más a blindaje que a explicación. Porque mientras el banco invoca “transparencia”, en los tribunales ya se acumulan denuncias que apuntan a un sistema de acceso que, en la práctica, parece diseñado para unos pocos.

El corazón del esquema está en la Reglamentación Nº 802. Allí, el universo de beneficiarios queda concentrado en empleados públicos, empresas estatales y personal del propio banco. Una puerta que no está cerrada, pero sí cuidadosamente entreabierta. Desde adentro, el subgerente Mario Zagaglia niega privilegios. Desde el Gobierno, el ministro Luis Caputo habla de igualdad de condiciones. Pero la letra chica cuenta otra historia.

El sistema habilita, por ejemplo, sumar codeudores y familiares directos. Una ingeniería que, en manos de quienes tienen ingresos altos dentro del Estado, se convierte en una autopista financiera. Para el resto, en cambio, el crédito sigue siendo una puerta cerrada.

La contradicción es evidente. En un país donde el acceso a la vivienda está cada vez más lejos para el trabajador común, la banca pública aparece como una ventanilla selectiva. El “no hay plata” que baja desde el Ejecutivo se vuelve flexible cuando el solicitante tiene cargo, despacho o vínculo político.

El resultado es una percepción que crece en la calle: mientras la mayoría queda afuera del sistema hipotecario, un círculo cercano al poder logra acceder a condiciones que el resto ni siquiera puede soñar. Lo que el oficialismo presenta como reglas iguales, empieza a leerse como la consolidación de una nueva casta.

Y ahí está el problema. Porque el discurso que prometía dinamitar privilegios ahora enfrenta su propia sombra: la sospecha de haber construido otros nuevos. Mientras el Banco Nación se refugia en tecnicismos, la pregunta que incomoda sigue flotando: quiénes pueden acceder y quiénes quedan, otra vez, del lado de afuera.