CRISIS EN SALTA: Cierra «Cosa e Mandinga»

16/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Salta, capital del sabor quebrado, cerró un ícono gastronómico mientras la crisis devora la ciudad.
Una postal amarga del NOA; mesas recogidas, negocios tradicionales que bajan la persiana y un escenario económico que expulsa historias del mapa urbano.

En una ciudad que se jacta de ser “La Linda” —con peatonales adoquinadas, cerros colosales y atractivos turísticos como el teleférico de San Bernardo— la cruda realidad económica se impone con furia. Cosa e Mandinga, un histórico restaurante que forjó memoria gastronómica y social en el corazón de la capital salteña, cerró definitivamente sus puertas ante la falta de ventas y el desplome del consumo local.

“No hay plata en la calle”, declaró sin medias tintas Fidel Puggioni, dueño del local, en Infinito 96.5, señalando que la crisis económica que atraviesa la Argentina bajo la gestión del presidente Javier Milei está teniendo su expresión más brutal en los sectores vinculados al ocio, el entretenimiento y la gastronomía popular.

Una temporada que se convirtió en tormenta

Según Puggioni, esta temporada de verano fue “una de las peores en muchos años”: la caída del poder adquisitivo, los altos costos operativos y alquileres imposibles convirtieron en insostenible mantener el local abierto. “En febrero, Cosa e Mandinga cierra”, lamentó, anticipando que muchos otros restaurantes y bares en Salta también podrían seguir ese camino a partir de marzo si la economía no reacciona.

La gastronomía en la capital provincial —que supo nutrirse de miles de turistas nacionales e internacionales, y celebrar la cocina regional con orgullo— está siendo golpeada con fuerza. La experiencia diaria de muchos salteños muestra precios locales que escalan más rápido que los ingresos familiares, en un contexto donde incluso platos tradicionales y empanadas que antes eran accesibles empiezan a sentirse caros para quienes luchan por llegar a fin de mes.

Cerraron las puertas, permanece el silencio

El cierre de Cosa e Mandinga no es un caso aislado ni una anécdota pintoresca: es parte de una ola de clausuras que ya se siente en todo el país. No sólo en Salta, sino también en otras regiones, como Buenos Aires, donde la famosa sanguchería Shokupan confirmó que bajará sus persianas a fin de mes ante la imposibilidad de sostener el negocio frente a una economía que estruja al consumo.

La postal en Salta es desgarradora: mesas recogidas, sillas huérfanas y el eco de conversaciones que ya no se escucharán en el salón. El restaurante que supo ser punto de encuentro, de celebraciones familiares y de encuentros sociales, queda ahora como una cicatriz en el tejido urbano de la ciudad.

Política y economía en la mesa rota

Mientras el sector gastronómico lucha por sobrevivir, el gobierno nacional insiste en que la economía se encuentra en senda de recuperación y estabilidad. Sin embargo, la realidad de la plaza salteña contradice esa narrativa: precios que se devoran el salario real, caída del consumo, alquileres altos y negocios que se resignan al cierre definitivo.

La situación golpea con especial fuerza en el norte argentino, donde la gastronomía y el turismo suelen ser pilares de la oferta productiva local. La crisis no sólo afecta la experiencia culinaria de la ciudad, sino también la vida económica de trabajadores, proveedores y familias que vivían de la cadena de consumo que giraba en torno a estos espacios.

Una Salta que pierde sabores, no solo restaurantes

Entre los cerros y las plazas coloniales, entre empanadas tradicionales y vinos regionales, la provincia enfrenta ahora una pregunta incómoda: ¿qué queda cuando los íconos gastronómicos desaparecen y la cultura del almuerzo y la cena social se vuelve un lujo?

El adiós de Cosa e Mandinga es más que una nota de cierre comercial, es la expresión cruda de un modelo económico que vacía las calles y deja soledad donde antes había vida, diálogo y sabor.