CRISIS PRODUCTIVA EN LA ARGENTINA DE MILEI: Miles de empresas al borde del cierre, derrumbe de empleo y un modelo que no logra reactivar la economía real

17/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
A poco más de dos años de la asunción del presidente Javier Milei, la economía argentina exhibe señales estructurales que contradicen la narrativa oficial de “orden y crecimiento”. Según diversos informes de instituciones económicas y organismos del propio Estado, la dinámica productiva muestra una contracción sostenida: decenas de miles de pequeñas y medianas empresas perdieron su actividad o están al borde del cierre, y la pérdida de puestos de trabajo formales es continua, con tasas que preocupan a sectores sindicales, empresariales y académicos.

El informe más reciente de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), difundido por analistas del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) y reportado como base estadística oficial, revela que entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 desaparecieron más de 21.900 empleadores registrados en unidades productivas privadas, lo que equivale, en promedio, a casi 30 empresas que cierran cada día desde la asunción del Gobierno actual. Ese proceso se tradujo además en la desaparición de 290.602 puestos de trabajo formales, con los sectores de construcción, industria y comercio entre los más golpeados.

Estas cifras son consistentes con otros relevamientos que subrayan la pérdida de capacidad productiva y empleo registrado en el país. Desde noviembre de 2023 hasta agosto de 2025, el total de ocupaciones formales descendió en más de 276.000 puestos, lo que representa una caída del 2,8% del empleo formal, señala el informe de CEPA.

La contracción tiene causas múltiples y entrelazadas. En el plano del consumo interno, la caída de la demanda —debido a la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y a la persistente inflación— redujo drásticamente las ventas de bienes y servicios, profundizando la fragilidad de empresas orientadas al mercado local. El sector industrial, que históricamente juega un papel central en la generación de empleo, operó con utilización de la capacidad instalada muy por debajo de su potencial, rondando niveles similares a los de la pandemia de 2020, lo cual expresa la magnitud del frenazo productivo.

La apertura indiscriminada de importaciones, otro de los ejes de la política económica, también figura entre las explicaciones del deterioro productivo. La competencia de bienes extranjeros más baratos —en gran medida financiados por cadenas de producción globales y políticas de mercado internacional— desplaza a muchos productos nacionales, que no encuentran condiciones de competitividad ni estímulo para sostener sus actividades. Este fenómeno afecta en particular a sectores intensivos en mano de obra, como la metalurgia y la industria textil, que previamente ya habían reportado cientos de despidos y cierres de plantas.

La crisis de las empresas no se limita a la desaparición de firmas formales. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, relevamientos oficiales calculan que entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025 cerraron más de 5.300 empresas bonaerenses, una cifra significativa teniendo en cuenta que la provincia concentra cerca del 50% del valor agregado industrial de la Argentina. El funcionario que difundió esos datos vinculó directamente la apertura de importaciones y la falta de políticas activas de apoyo a la producción con este derrumbe empresarial.

También hay dimensiones sociales que emergen con fuerza ante este panorama. Sectores sindicales han señalado que la pérdida de empleo formal no se compensa con absorción de trabajadores en el sector privado, a pesar del discurso oficial que promueve la reforma laboral como herramienta para dinamizar el mercado laboral. El crecimiento de vulnerabilidades laborales y la precarización de condiciones de trabajo son parte de la crítica que sindicatos como la CGT y la CTA repiten desde hace meses en movilizaciones y comunicados públicos.

Esta destrucción del tejido productivo también se vincula con el cierre de empresas más jóvenes: un porcentaje significativo de unidades productivas que dejaron de operar tenía menos de tres años de existencia, lo que sugiere que incluso emprendimientos recientes, que en teoría deberían beneficiarse de condiciones dinámicas de mercado, no lograron consolidarse.

Los efectos sociales y económicos del retroceso productivo y del cierre de miles de empresas —muchas de ellas pymes familiares, medianas o pequeñas— ponen en tensión la propuesta de reconfiguración económica que la administración de Milei impulsa desde el inicio de su gestión. Mientras la estabilidad financiera es destacada por el oficialismo como logro, la producción, el empleo formal y el poder de compra de los sectores populares muestran señales claras de deterioro, generando un debate profundo sobre el rumbo de mediano y largo plazo de la economía argentina.